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Cumpleaños Feliz![]() Ayer volví a ver al acosador. Allí estaba. En el mismo banco de siempre. En el chigre de la esquina. Al sereno del frío. Yo me había sentado, también en el mismo banco de siempre, el que un día abandoné tal vez sólo por su causa y tanto echo de menos. Aunque eso no sé sólo si es por el banco o por la presencia constante del polvo mágico que se desprende de las alas y de la voz de Laura. Aún existe esa falta de gravedad allí pero ni se me ocurrió pararme a pensar en ese individuo inmundo. Y lo hice porque quería hacer una llamada que luego no hice; esa voz del ogro que vive en ese contestador me lo impide, aunque más tarde descubro que mi teléfono se ha averiado (cambio la tarjeta a otro), y lo que me atrajo hasta el parque fueron los abetos fabricados de bombillas amarillas, con cables tendidos sobre la figura de los árboles. Y me conformo con leer esa revista que ahora casi siempre llevo en el bolso para que me haga compañía. No escribo correos. No lo hago porque después de enviarlos los leo y hasta me doy asco: no digo Nada en ellos, nada de lo que yo quisiera decir y realmente no digo. Ahora las cosas que suceden no se escriben con palabras. Esas sólo las puede contar mi cuerpo, mi piel, el tacto,los pechos, la saliva, las lágrimas. He desaprendido parte del camino andado. Y ahora la soledad ya no es lo que era, comienza a ser otra vez una garra opresiva que atenaza una parte de mí imprecisa. Ni siquiera podría decir donde me duele. Ni siquiera sé si es en algo que no está. Pero hay un dolor oscuro y obsceno como una mujer desafiante con un sexo velludo y negro, abierta de piernas, desnuda, expuesta y atada a un potro de tortura; mis mujeres ahora nunca se humillan y no es sólo lo que siento clavado entre las vértebras del cuello y la espalda. Ese es como un cáncer. Lo entiendo. Ahora, por consejo de mi médico, procuro hablarle. Ni idea de lo que dice. No, no lo entiendo porque no lo dice. Se calla, el maldito cuando le pregunto se calla. Necesitaré clases avanzadas en dialecto linfático, o aprender alguna habilidad social nueva para tratar con hombres muy reservados. Este es como un anciano demente, hablo del dolor. El otro es como un niño que ni balbucea. Si llora no sé si tiene hambre o sueño, o falta de ternura. Tampoco el anciano. No sé lo que me pide. Nora piensa que otra vez estoy somatizando. Pero ese dolor también es como una hiedra que me estrangula la savia. Y a veces tengo orgasmos de hombre. Como ahora. Mi ojos se cierran, mi mente se cierra y siento que no soy yo. Entonces es como ver dos cosas reflejadas en la noche de una ventana. Estoy mirando hacia afuera y hacia dentro. Dura unos segundos, apenas un instante. Le veo a él mientras lo hace y siento como su mano nos libera de la tensión. Yo sólo pulso sobre mi clítoris con un dedo mientras él mueve su polla de arriba abajo con agresividad; su cara muestra un gran esfuerzo, es como un acto violento, como si necesitara sacudirse un malestar. Son las cuatro de la tarde y acaba de suceder. Y ahora estoy más caliente, mucho más caliente que antes. Quiero decir más caliente incluso que estos últimos meses y que han sido como vivir en el interior de un volcán que se debate. Lo que ocurre es que ya no lo puedo expresar. A no ser anoche. Ya muy tarde. Pero entonces es otra cosa, es buscar como desesperada el aliento de una boca; sí, exactamente así, necesitando el aliento de esa boca desde la más profunda desesperación. Y mi marido, ajeno a todo, a mi mundo de Animal Nocturno, me presta su espalda y me refugio en ese olor neutro que no me despierta nada: ni las ganas de huir, ni las ganas de quedarme. Y ahora que creo haber desaprendido lo andado caigo en la idea, de que puede que yo tampoco sepa ya Estar sin estar. A lo mejor tiene razón Nora. A lo mejor me estoy escudando en mis huesos, y por eso cuando él me pregunta que cómo me encuentro, le digo: ’Mal, muy mal. No quiero ni hablar’. Y así no me toca. Pero lo primero que hace cuando nos despertamos es apretarme la mano y decirme con cierta timidez y mientras yo aún mantengo los ojos cerrados: felicidades. Ni mi abuela se atreve a hacerlo hoy. A mi madre también le he dejado dicho que no me llame. Me lo preguntó y le dije la verdad, que no, que no quería. A él también pero sólo ellas me conocen de esa forma. Algo bueno tenía que tener mi casa: allí nos conocemos todos y ya nadie engaña a nadie. Lo cierto es que ya hace más de quince días que he celebrado mi cumpleaños; un cumpleaños de esos como sólo te atreves a soñar en los sueños muy íntimos. El cumpleaños más feliz de mi vida, el más Acompañado. También el cumpleaños más triste pero eso fue luego
08/12/2005 16:50 Autor: imaginate. Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario
Muchas felicidades Imagínate. La última vez que pasé por aquí te habías ido pero, menos mal, regresaste: corazones suaves y salvajes como el tuyo no se ven todos los días... ni siquiera todos los años. 38 besos en la boca (o en el coño, donde los prefieras) :)
Fecha: 08/12/2005 18:12.
Oye, pues que me gusta mucho eso de suave y salvaje; creo que a partir de ahora me lo voy a guardar en la mochila. Tú cada día escribes mejor. Yo te sigo leyendo :)
Y los prefiero en el coño, claro. Si se puede elegir. Porque en la boca, yo ahora por la boca Muero :) Gracias chico guapo ;) Fecha: 08/12/2005 18:16.
Pero alguien siempre tiene que estropearlo, mi abuela. ¡Pobre! Como no estás en casa o no me contestas. Te dejo la felicitación en el buzón de voz. ¿Estás bien?
Fecha: 08/12/2005 19:10.
...Hoy me acordé de ti, Imaginate, a causa de otro aniversario. ¡Qué manía con celebrar los finales! Jhon Lennon también preferiría los otros...
SALUDANDO: LeeTamargo.- Fecha: 08/12/2005 19:45.
Bah...pues yo por llevar la contra no te felicito! pero te guiño el ojo...;)
Fecha: 11/12/2005 07:11. |
... imagínate lo que quieras... probablemente a Sabbat le va a dar igual...
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