![]() imaginate |
||
|
busca... |
el jardinero fiel![]() Esto es el lunes. El día que voy a ver al doctor R. Atravieso el parque. Busco un lugar tranquilo para sentarme a fumar un cigarro. Hay un estanque de patos pero los operarios del ayuntamiento trabajan cerca y eso me aleja. El ruido es insoportable. Me decido por ir a ver a Alejandro. Le encuentro solo. Sentado tras la mesa de la consulta. La sorpresa no le resulta desagradable. Le muestro las radiografías. Hablamos durante unos minutos. Está guapísimo. Ese día lleva una bata blanca. Dice que me llamará cuando tenga alguna respuesta. Me despido. Busco el mismo parque pero me siento en un banco cerca de la carretera. Allí le hago una llamada a Pablo mientras fumo. He visto dos llamadas suyas esa misma mañana. Me las hizo el sábado. Le pregunto que quiere. Dice que sólo preguntarme el teléfono de Sherekan. ¿Y yo por qué lo iba a tener? Está tratando de decirme que a su manera se siente celoso y que lo sabe. Me importa una mierda. El teléfono vuelve a sonar. Es mi marido. También quiere saber pero lo que me ha dicho el médico. ¿Dónde estás? -me pregunta. Se lo digo. ¿Y no pensabas llamarme? -dice. Sí, ahora mismo buscaba el teléfono para eso. Mentira. ¿Me pregunta si pasa a recogerme? Quiere llevarme a alguna parte para celebrar mi cumpleaños. Acepto. Dice que en quince minutos vendrá a buscarme. Siento como el ruido se acerca. Los operarios del ayuntamiento se detienen pero ahora están sólo a unos 20 metros. Reconozco a uno de ellos. Sabía que trabaja como jardinero. Le vi hace unos meses en el parterre de esta rotonda en la que vivo. Él no me vio. Mejor así. Pero ahora también me mira. Hablan entre ellos. Les dice algo a los otros. Comienza el ruido, es lo que hace que se levanten las hojas del suelo. Un día, el primer día que veo a ese hombre es en una cafetería. Él está con un matrimonio. Y hay algo en su mirada y en su contención que me resulta muy atractivo. Es fuerte. Grande. Alto. Desgarbado. Tiene el pelo leonino. Pero es algo más que su aspecto físico. Se da cuenta de que, yo ausente de la conversación en que estoy, le miro y me mira. Él también calla. Pero a la vez es como si todo su cuerpo callara algo... el hombre silencio. Transcurren un par de años. Y esto es el año pasado. Un día Nora me pide que la acompañe a buscar a Sara a la piscina. Lo vuelvo a ver allí. Yo me quedo fuera y él sale por esa puerta. La misma mirada. Sus ojos se posan sobre mí como un horizonte marino o como la garganta de una montaña. Siento lo mismo. Lo que calla la naturaleza, con esa misma contención. Tiene una familia. Ese es el por qué del silencio. Por eso no puede hablar conmigo pero aún así no deja de mirarme. Yo tampoco lo hago. Cuando todos suben al coche les sigo con la vista. Los demás, en ese momento, están ajenos a esa comunicación nuestra y él lo sabe. Así es como fue con Máximo. Nora aparece. La primera vez que le veo también estoy con ella pero ella no ve a ningún hombre. Nora no busca todo el tiempo, como yo, ese margen donde todo ocurre al margen de los demás... Y ahora está ahí, detenido, mirándome. Hasta que por fin se decide y echa a andar en mi dirección. Yo espero sin alterarme. No hay ninguna emoción que no sea la del misterio y la de la carne. Llega a mi altura. Apenas entreabre los labios para hablar. Masculla. Muerde con suavidad las palabras. como si fueran hojas hierba buena. Dice que en unos minutos tendré que levantarme y buscar otro banco porque pronto comenzarán a volar las hojas por encima de mí. Apenas entreabro los labios para responderle. Sí, ahora me levanto, en un minuto. Dejo que se vaya y que comience a trabajar con su rastrillo. Recojo el teléfono en el bolso y tomo el primer sendero. Salgo a la carretera. Me paseo arriba y abajo por ella. Él mira pero ahora su mirada es distinta. Yo diría que hay algo que me recuerda a la nostalgia en ella. Es el dolor. Supongo que los dos echamos en falta algo como eso del otro. Mi marido no tarda demasiado en llegar. Mientras me monto en el coche él sigue mirando en mi dirección pero no lo hace con descaro. Hay intensidad. No se aparta de mis ojos aunque continúa con su tarea. El mismo silencio. La misma contención. Ni siquiera ve a mi marido. Fin de la tregua. 18/12/2005 22:32 Autor: imaginate. Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario
Espera, espera que recupere el aliento. He leído este post de un tirón y aún estoy sobrecogido ¡uff! Dice tanto. Dice lo que dice y lo que no dice. Muy bueno. Siempre que entro a un blog nuevo (para mi) intento averiguar si lo que hay allí es un diario, realidad, literatura, qué. Hoy es igual, me da igual, he leído un magnífico post. Muchas gracias.
Fecha: 19/12/2005 15:03.
Me ha gustado mucho, he visto su s ojos y los tuyos, y hasta he podido intuir las voces.
Tal vez haya más miradas futuras, tal vez... Un saludito :) Fecha: 19/12/2005 22:16.
Como dice el primer comentador, da igual que sea realidad o no, es un buen texto de literatura. ¿Por qué me lo parece? (no es una respuesta de un entendido, ya lo sabes, sino de un lector como cualquier otro) porque tiene ritmo. Esas frases cortas le imprimen velocidad al texto. Además, como en otros textos tuyos, sabes cómo describir muy vivamente los sentimientos, sabes utilizar metáforas (o cómo se llamen) muy evocadoras: "como la garganta de una montaña" :) Y también, de nuevo, la riqueza del vocabulario. ¿Estás yendo a algún cursillo para escritores? :) (Hay algo que no me gustaría que fuese real, quizá sin decir nada sepas a qué me refiero).
Fecha: 19/12/2005 23:07. |
... imagínate lo que quieras... probablemente a Sabbat le va a dar igual...
Archivos
Temas
EnlacesLicenciaEstadísticasAlgunos lugaresMis lugaresLogoHerramientas-apuntes interruptus-Cuentos InterruptusLo literarioLo poéticoLo mágicoLo tabúLo entrañable... algo de lo que a mí me Interesa...Música en esta bitácoraOtros |