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menos de 24 horasDa la hora y de pronto el marcador digital se oscurece. Miro a la vía con angustia, nada asoma. Busco a Tracia en el cielo, entre los raíles de la estación. Yo no tengo un ángel. Tengo una gaviota y las gaviotas son mortales. Me alarmo. No sé por qué se apegó a mí . Lo ignoro. Apareció, sobrevolándome un día, la miré y ya no se fue. Y Tracia parece que no envejece. Imagino que la Muerte será el día que no la vea. O será el día que me lleve a volar con ella. Pero todavía no sé que esa madrugada he de mirar cara a cara a la Muerte, todavía desconozco tantas cosas importantes en ese mediodía... No sé, por ejemplo, que voy a sumar a dos hombres que un día se dividieron. Yo los dividí en mi interior. Tampoco le pregunté a él si en algún momento notó la diferencia, y menos qué fue lo que pensó acerca de esa inquietante cuestión. Le resté importancia. Quise hacerlo y fue pasmoso eso. Ahora lo entiendo. Pero tampoco entonces sé que me voy a enamorar más profundamente, más de lo que estaba previsto. Yo le había reservado sólo ese hueco del calendario para luego tal vez huir. Pero dos hombres que se reúnen de pronto fueron demasiados para ese hueco. Así que me enajeno y todas mis mujeres bailan con ellos. ¡Imbécil! -me atormentaría a la noche la uruguaya cuando no duermo, luego, ¿cómo se te ocurre siquiera pensar eso? Previsto, previsto. Eres tan imbécil que hasta te lo mereces. La uruguaya es dura. Pero no más conmigo que con ella. Ya pasó por la misma experiencia y es puta. Una puta culta que sólo se alquila y lee libros de poesía, que luego esconde en sitios imposibles. Dice que lo hace por su trabajo, para poder acceder a esos hombres que son como él, pero luego no tiene teléfono. Es por ahorrar. ¡Todo pamplinas! Bajo esos bocajarros que te escupe la uruguaya es tan tierna como yo. Mi bebé -dijo. Por un momento se apagaron los interruptores y me desconecté -me disculpo con ella. No noté el dolor. Así que no sé dónde fue que estuve. Me debatí sobre su boca. Me debatí como una roca en el acantilado de una galerna, y creí poder apresar para siempre las terminaciones nerviosas de su lengua, con los músculos más estrictos de los valles cóncavos de mis labios internos. Clavé mi coño en su cara, más hondamente, como si fuera una función transitiva. Y fue un tránsito. Ebria de deseo y humo alucinogeno me besó la eternidad. Le pedí que se detuviera. Ya no lo quería. Me aterrorizaba quererlo más. Se lo supliqué. Me desesperé. Aún así no lo hizo, se agarró con fuerza a mis nalgas y siguió lamiéndome con una impunidad feroz. Lobo con la loba de alambique. Luego mi clítoris se ocultó dentro de su boca y yo sólo supe que él lo hizo girar. Entonces mi cerebro estalló. Fue algo atroz, insostenible, como un cambio de estructura molecular. La vibración continúo viaje conmigo. Y entre el temblor se abrió un abismo que surgió de la más absoluta oscuridad. Pero yo en el fondo supe que ya no podía, que no quería bajarme de aquello. Era como una prueba. Aunque sospecho que él también lo supo. Y es en ese mismo instante en el que siento que ese hombre sin nombre, me conoce mejor que yo a mí misma, tanto como si estuviera dentro mío, tanto como si pensara lo que yo pienso en el instante mismo en que lo estoy pensando, en el instante en que lo he comenzado a pensar. Sólo necesitaba que alguien me empujase pero no logro confiar en nadie para esa labor. Sólo en mí así que me quedaré sin conocerlo. Pero luego le conozco a él. Y en él también confío. Algo me empuja a hacerlo. En ese amante que a veces sólo es silencio. Creo que supo que si continuaba iba a desconectarme. Y lo quiso. O eso, o que luego le mataría. Pero yo sólo le habría matado por haberse detenido. Me Ganó más de dos veces en menos de 24 horas, cuando nadie se había aproximado siquiera a hacerlo ninguna. Eso lo sabes justo en el momento que ocurre y luego ya no lo olvidas. Estaba arrodillada con las piernas abiertas sobre su cara. Abierta y volcada sobre el vértigo como una matriz. Como ese líquido fluido y puro que golpea el suelo desde las manos de aquella Circe pintada por Waterhouse. Derramándome. No debía ni dejarle respirar. Pero aún así no se detuvo. Me obligó a ir más allá. Y aún más allá de lo que nunca habría imaginado posible. Fue entonces cuando entendí a la uruguaya. Una hora antes no había sido capaz. No había nada ahí afuera, pero Nada. Grité. Detente. No sé que el Amor no tiene nombre, y que por eso aún no lo digo, no lo sé explicar. Quiero decírselo y no puedo. El amor es un secreto. Debe de ser un secreto. La atrayente belleza de esa impávida incertumbre. Y aquí encajan como una cerradura engrasada, esos versos de Mark Strand.
*(Esto lo escribí el 04 de diciembre y luego ya no fui capaz de escribír sobre ello nada más)
22/12/2005 01:06 Autor: imaginate. Enlace permanente. Tema: me estuve enamorando de un poeta: Oliverio. Comentarios » Ir a formulario
...y tienes la foto de Silva... pásate por librosmorrocotudos punto com y colabora, mujer.
Fecha: 22/12/2005 09:07.
A ver si esta vez tienes fuerzas y lo terminas ... si no , no pasa nada , tus cosas son tuyas ...
un beso Fecha: 22/12/2005 09:14. |
... imagínate lo que quieras... probablemente a Sabbat le va a dar igual...
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