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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005. mirAr a los Ojos![]()
martes, 06 de diciembre![]() '''... Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente... No durmió aquella noche... Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo...Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Pardójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin... Pero las cosas no ocurrieron así... el vaso de agua se rompió... La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero ... sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios''' La imagen es otra vez Dave McKean, el cuento es de Borges...
miércoles, 07 de diciembre![]() Es lunes noche y estoy en casa de Alma. La tele está puesta. Algo comienza. ’Las vírgenes suicidas’ de Sofía Coppola. Me quedo a verla entera, y luego quiero volver a verla. Me gusta mucho el como, la novel directora, enfoca el tema. Por la obra de Eugenides también siento curiosidad. Más adelante. Y luego de madrugada tengo una conversación muy agradable con alguien con quién hacía mucho tiempo que no coincidía. Decimos cosas como: No, ahora ya nadie puede amarme... Porque no querría. En aquel tiempo aún miraba. Sí, así al horizonte; incluso podrías haber sido tú pero ahora ya no miro al horizonte. Ahora sólo puedo mirar hacia mi interior y enfrentarme a lo que siento. No emocionalmente. Estoy profundamente enamorada. Era lo que quería. Ahora tengo que lidiar con eso. No, no del todo. Puede que no exista ninguna reciprocidad. Por eso antes te hablaba de la mitad... ¿con qué identificas tú el proceso de enamoramiento? La otra persona, ¿ese misterio? Yo no puedo vivirlo así. No me dejan que lo viva así. ¿Qué te enamoró de esa persona? ¿Qué sensación? A mí es la confianza. Sentir que podría confiar en ese ser... que cuando estamos juntos no hay dudas... que ocurra lo que ocurra en ese momento no somos dos... Es uno cuidando del otro, aunque sea del placer y del bienestar del otro. Sí, las emociones siempre son complejas. Hasta una lágrima lo es. Uno no se muere por nada ¿Y cuál es tu táctica? Creo que necesito una Me acordaré de ti cuando mi corazón me duela y te enviaré buenos deseos No, esta vez no voy a luchar Porque yo no tengo enemigo Sí, más o menos ando así desde hace quince días.Hacía mucho pero mucho, más de lo que logro recordar, que no lloraba tanto. Yo no soy de llorar, ¿sabes? Es que no hay gran cosa que contar. La última vez que le vi me entregué pero sin reservas. Y me siento feliz por ello. Sentí a ese hombre como a ninguno. Luché tres meses sola. Luché lo increíble. Y llegué a esa cita y esa cita pasó. Y no he vuelto a saber de él pero me dejó muchas cosas y se llevó algo mío. Hoy he visto ’Las Vírgenes suicidas’, ¿la has visto? Pues hay una escena, es fantástica... pero no podemos hablar de ella porque si te la cuento estaría hablándote de mí y no quiero eso... esa escena hubiera perfecta para describirte lo indescriptible No, lo que tengo dentro se ha convertido en un secreto. Lo vivencio así. Es como si esa persona dentro de mí se hubiera convertido en eso. ¿Sabes? Eso de que todo se descoloca... lo que dijiste antes Es cierto, ocurre. Es como si viviera en mi interior pero fuera una casa extraña y hubiera habido un cataclismo, y ahora todo estuviera dentro torcido, los cuadros, los sofás, la bañera... Hay polvo y la luz es mortecina, y hay que andar con pies de plomo... esa es la sensación... todo está movido y todo podría comenzar a moverse otra vez Sí, lo sé... pero eso yo no lo experimento así. Nadie me ha dado permiso para que lo haga Qué encaja... eso ocurrió al principio pero muy al principio Sí, eso fue muy al principio... yo creo que me he pasado de fase esta vez jjajaja Verás el día que todo se mueva... Y hoy he visto ’El diario de Noa’. Me hacía ilusión porque a Susana esa historia sé que le gustó muchísimo. Estuvo emocionada durante días cuando la vio pero a mí, aparte de parecerme una peli bonita, y recordarme no sé por qué a ’Tomates Verdes Fritos’... no me dijo gran cosa. Aunque bueno, hay una escena que se ha convertido en inolvidable, una en la que figura una barca y un bosque de Oyamel pero en el agua, sólo que en vez de estar poblado por cientos de miles de mariposas monarcas, aquí había cientos de patos o gansos salvajes repostando en su viaje de migración. Bellísima. Imagino que para que una historia nos atrape tenemos que encontrarnos de alguna manera inmersos en ella, ¿no crees? Yo como Cecilia L., la primera niña muerta de la Coppola, si fueras psiquiatra te diría cuando me enseñaras esas absurdas manchitas oscuras del test de Rochard y me dijeses eso de que no es para tanto:"Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años". ¡Que ya hay que tener imaginación para ver en ellas algo, ya...! Aunque esa no es mi escena. En mi escena hay una reina que se despierta de una resaca de amor, al amanecer, abandonada en un campo de rugby, y regresa, mordiendo la corona entre sus labios, en taxi a casa. Ya todo se había movido para ella. Gracias :)![]() A Susana por ese mensaje de teléfono (¡jolín! a las cero cero cuatro minutos tía... lo que te dije eres la hostia :-)) Un beso.
in dis moment![]() Justo hace un par de minutos ocurrió el Retorno del sol. Este año sé que no sucederá nada especial (es que últimamente ha cambiado mi escala de ’lo especial’) pero tengo un recuerdo maravilloso del año pasado. Esta pintura. Alguien que me gustaba mucho por aquellas fechas me besó justo cuando daban las siete de la tarde y yo llamaba a la puerta de su ático, el hombre que tenía un salón que era como un cuadro de Matisse. Algo así, tan bonito, era la primera vez en 37 años... luego, bueno, creo que aquel día no follamos pero sí que tomamos cava y brindamos... Y alguien que empezaba a gustarme mucho, justo en aquel momento, me contó, tal madrugada como la de hoy, que yo había realizado una parte de uno de sus momentos felices. Sonaba Tom Waits y creo que por primera vez pensé pedir un deseo bajo aquellas cuatro frases que ese hombre escribió. Entonces no lo hice porque no le conocía en persona y todavía no sabía que él terminaría gustándome mucho más de lo que yo habido creido posible. Y además me asustaba la idea de que no fuera así pero creo que por eso lo haré hoy. Soñaré que alguien conduce hacia el Oeste, hacia Finisterre... al ritmo de la música de Tom Waits, que es de noche, y que yo le cuento una historia de miedo.
I want to run I want to feel sunlight on my face Where the streets have no name The city’s aflood Where the streets have no name Cumpleaños Feliz![]() Ayer volví a ver al acosador. Allí estaba. En el mismo banco de siempre. En el chigre de la esquina. Al sereno del frío. Yo me había sentado, también en el mismo banco de siempre, el que un día abandoné tal vez sólo por su causa y tanto echo de menos. Aunque eso no sé sólo si es por el banco o por la presencia constante del polvo mágico que se desprende de las alas y de la voz de Laura. Aún existe esa falta de gravedad allí pero ni se me ocurrió pararme a pensar en ese individuo inmundo. Y lo hice porque quería hacer una llamada que luego no hice; esa voz del ogro que vive en ese contestador me lo impide, aunque más tarde descubro que mi teléfono se ha averiado (cambio la tarjeta a otro), y lo que me atrajo hasta el parque fueron los abetos fabricados de bombillas amarillas, con cables tendidos sobre la figura de los árboles. Y me conformo con leer esa revista que ahora casi siempre llevo en el bolso para que me haga compañía. No escribo correos. No lo hago porque después de enviarlos los leo y hasta me doy asco: no digo Nada en ellos, nada de lo que yo quisiera decir y realmente no digo. Ahora las cosas que suceden no se escriben con palabras. Esas sólo las puede contar mi cuerpo, mi piel, el tacto,los pechos, la saliva, las lágrimas. He desaprendido parte del camino andado. Y ahora la soledad ya no es lo que era, comienza a ser otra vez una garra opresiva que atenaza una parte de mí imprecisa. Ni siquiera podría decir donde me duele. Ni siquiera sé si es en algo que no está. Pero hay un dolor oscuro y obsceno como una mujer desafiante con un sexo velludo y negro, abierta de piernas, desnuda, expuesta y atada a un potro de tortura; mis mujeres ahora nunca se humillan y no es sólo lo que siento clavado entre las vértebras del cuello y la espalda. Ese es como un cáncer. Lo entiendo. Ahora, por consejo de mi médico, procuro hablarle. Ni idea de lo que dice. No, no lo entiendo porque no lo dice. Se calla, el maldito cuando le pregunto se calla. Necesitaré clases avanzadas en dialecto linfático, o aprender alguna habilidad social nueva para tratar con hombres muy reservados. Este es como un anciano demente, hablo del dolor. El otro es como un niño que ni balbucea. Si llora no sé si tiene hambre o sueño, o falta de ternura. Tampoco el anciano. No sé lo que me pide. Nora piensa que otra vez estoy somatizando. Pero ese dolor también es como una hiedra que me estrangula la savia. Y a veces tengo orgasmos de hombre. Como ahora. Mi ojos se cierran, mi mente se cierra y siento que no soy yo. Entonces es como ver dos cosas reflejadas en la noche de una ventana. Estoy mirando hacia afuera y hacia dentro. Dura unos segundos, apenas un instante. Le veo a él mientras lo hace y siento como su mano nos libera de la tensión. Yo sólo pulso sobre mi clítoris con un dedo mientras él mueve su polla de arriba abajo con agresividad; su cara muestra un gran esfuerzo, es como un acto violento, como si necesitara sacudirse un malestar. Son las cuatro de la tarde y acaba de suceder. Y ahora estoy más caliente, mucho más caliente que antes. Quiero decir más caliente incluso que estos últimos meses y que han sido como vivir en el interior de un volcán que se debate. Lo que ocurre es que ya no lo puedo expresar. A no ser anoche. Ya muy tarde. Pero entonces es otra cosa, es buscar como desesperada el aliento de una boca; sí, exactamente así, necesitando el aliento de esa boca desde la más profunda desesperación. Y mi marido, ajeno a todo, a mi mundo de Animal Nocturno, me presta su espalda y me refugio en ese olor neutro que no me despierta nada: ni las ganas de huir, ni las ganas de quedarme. Y ahora que creo haber desaprendido lo andado caigo en la idea, de que puede que yo tampoco sepa ya Estar sin estar. A lo mejor tiene razón Nora. A lo mejor me estoy escudando en mis huesos, y por eso cuando él me pregunta que cómo me encuentro, le digo: ’Mal, muy mal. No quiero ni hablar’. Y así no me toca. Pero lo primero que hace cuando nos despertamos es apretarme la mano y decirme con cierta timidez y mientras yo aún mantengo los ojos cerrados: felicidades. Ni mi abuela se atreve a hacerlo hoy. A mi madre también le he dejado dicho que no me llame. Me lo preguntó y le dije la verdad, que no, que no quería. A él también pero sólo ellas me conocen de esa forma. Algo bueno tenía que tener mi casa: allí nos conocemos todos y ya nadie engaña a nadie. Lo cierto es que ya hace más de quince días que he celebrado mi cumpleaños; un cumpleaños de esos como sólo te atreves a soñar en los sueños muy íntimos. El cumpleaños más feliz de mi vida, el más Acompañado. También el cumpleaños más triste pero eso fue luego
viernes, 09 de diciembre![]()
¿A quién se parecía? A Eduardo Noriega en ’Tesis’ pero con una mezcla de la Madurez de Xavier Elorriaga. Ese conjunto. Aunque ya sé verdaderamente a quién me recuerda; sí, a aquel valenciano, aquel sustituto de inglés que nos dio clase en el instituto cuando Marisa se puso enferma y que ninguna fuimos capaz a ligarnos antes de que se fuera... Odié a Marisa por aquello y mucho más tarde me la encontré casada con un médico. El médico que miraba desde la consulta de al lado en la que yo me besaba con otro médico... Podría ser un joven profesor. Me fascinan sus movimientos. Puro sexo y masculinidad, seguro que ensayada. Se hace el interesante de la misma forma que yo. Es lo que tiene reconocer las señales, que las poses vienen con el paquete. Pero luego tampoco yo soy una pose sólo y por eso pienso que me gustaría conocerle y averiguar hasta que punto él lo es. Noté que me movía esa curiosidad. Aunque ahora estoy perfeccionando la técnica de depredación. Es sólo eso. Consiste en que ''la víctima'' sea ella misma la que te sugiere que desea serlo. Es que a veces con los hombres, parece que se trata de eso. No va a haber ni un sólo sentimiento ahí y tal vez por eso hablo de víctimas, porque generalmente cuando no existen los sentimientos se acaba hiriendo alguno, aunque sea de tercer orden y yo parto de la base de que cuando ocurre eso no los tengo . Y que no los voy a tener lo sé en cuanto les veo. Por eso me sorprende tanto lo de ese hombre. Ese hombre que primero creo que va a ser que no y que luego despierta a un volcán dormido. No hablo de éste. Este se quedó allí, detrás de la estantería de literatura escrita en lengua francesa. Cuando lo pierdo, me decido a investigar la última sección de la derecha. Autores italianos y alemanes, y él está justo en la otra esquina, al otro lado. Así que primero busco a Baricco. No le encuentro. Quería algo suyo que habla del mar o el oceano pero elijo otro libro en su lugar. Otra vez a la zona de lectura. Amor, amor, sentimientos, emociones. No, eso no es lo que quiero. Así que vuelvo a la estantería. Él también se mueve. Jugamos a lo mismo pero sólo lo creo. Y mira, ese es un encanto. No me gustan los hombres que resultan evidentes. Dante, ’La vita nuova’. Entonces me acuerdo del Doctor Hannibal Lecter y las palomas volteadoras. Yo creo que lo soy. Soy una gran volteadora, como Starling; Sí, Starling sabía volar, por eso él no la mató, porque el mundo para él, sin ella, habría sido indudablemente menos Estético, y abro sus páginas por cualquier parte. Para los perfeccionistas el asesinato de la Belleza en estado puro es un crimen imperdonable. Por eso la ciega no se cayó de la cama. No fue por piedad por lo que él no pulsó el botón. Fue porque el que ella pudiera ver los colores, no le hacía amarla pero embellecía el Mundo. Me gustaría encontrar precisamente esos versos del soneto que Hannibal recita en aquella representación de 'La Vita Nuova'. Pero no, me encuentro a mí. Podría llevarme ese y escribir algo suyo aquí -pienso. Y no sé por qué a veces te pienso como una mujer. ¿Recuerdas cómo te deseaba sobre tu espalda y hacía que hasta a ti te lo pareciera? De alguna forma ’La Vita Nuova’ me habla de ti como si te mirase. Entre tanta dama. Y ya se me han quitado las ganas de todo. Me quedo con Bernhard y ’El frío’... cuarto volumen de su autobiografía. Nunca he leído a Bernhard pero me gusta lo que expresan sus fotografías. Recuerda, yo soy esa mujer capaz de ver cúpulas perfilarse en la profundidad de los ojos de un niño. ¡Cómo me asustaste cuando me preguntaste si quería ver su fotografía! De repente no lo sabía, lo había deseado algunas veces pero no lo sabía y fue ahí donde todo comenzó a moverse. Y no queda más remedio. Tengo que cruzar al otro lado si quiero a acceder a Duras. Ahora sí que es imposible que ese tipo no me vea. No le miro y menos le hablo (aquí procedía, así que ha sido todo más raro aún) pero él ha tenido que apartar su pierna para que yo pudiera encontrar ’El dolor’. No le he pedido ni disculpas. Me agacho dentro de su espacio y permanezco en cuclillas casi un par de minutos. Era incómodo para los dos. Tenía que serlo. Esa es la casualidad, que el libro que quería encontrar estuviera precisamente allí, detrás de su pierna. Me incorporo. Leo al azar. ’’’Por la noche me despierto, por la noche el vacío de la ausencia es enorme, el miedo atraviesa, terrible. Luego me acuerdo de que nadie tiene noticias todavía. Es más adelante a partir del momento en que las noticias empiezan a llegar cuando empezará la espera’’’ El fragmento es certero como un dardo. Leo también algo de Borges, un fragmento del Aleph... Entonces decido irme. Todavía podría alargar eso momento unos veinte minutos más. Creo que es a las ocho cuando cierran pero prefiero que no, prefiero bajar a la calle y oxigenar, y si acaso sentarme en uno de los bancos de al lado del viejo convento. Guardo cola y quién me atiende es la hermana gemela de Tomás. Hay un problema. El sistema informático dice que no he devuelto el libro de las pinturas del Aduanero pero eso no es real. Insisto. Se levanta dispuesta a cerciorarse. Regresa con él. De todas formas el sistema me ha sancionado. Ya, pero no es justo. Yo no tengo la culpa. Yo tampoco, me dice ella. Déjame, por favor, el carné. Lo arregla. Ahora sí, ahora nos despedimos con una sonrisa tibia. Después de lo de Tomás, es un alivio esto. No sé por qué sentía vergüenza. Imagino que por que lo utilicé y me comporté con él como una auténtica villana. Yo es que para la amistad soy mala. Cuando me aprientan me revuelvo, y con tal de que me suelten no me importa clavar los colmillos como un perro. Nadie puede decir que es mi amigo si yo no lo soy. Y yo no lo soy fácilmente.
También he aprovechado para ver algunas películas. La primera un asco, ’Dogma’ (1999) de Kevin Smith. Hacía tiempo que no me sentaba delante de algo tan deprimente. Y hoy ’Philadelphia (1993) con Tom Hanks, Denzel Whashginton y Antonio Banderas, que como me ha gustado este chico en esta peli. Y hay un diálogo prácticamente al final que me enamora. Pocos veces alguien interpreta como Tom Hanks lo que es la sensibilidad en una escena. Tengo que volver a verla y escuchar esa aria de opera en la voz de la Calas; un momento delicioso y mágico. Y claro se entiende lo de la banda sonora. Y ahora por fin, ’Memorias de Africa’. Yo como Susana sólo la había visto a trozos y si a trozos me había gustado... hoy he terminado por enamorarme de ella. Me pasa siempre lo mismo con Redford. Yo quiero a un hombre así, jo-der, con las cosas tan jodidamente claras. O bueno, por eso lo quiero :)
SET ADRIFT ON MEMORY BLISS![]() Son cerca de las cuatro de la mañana, acabo de llegar y estoy aquí como loca escuchando a los P.M.Down y bailando con ellos Set adrift on memory bliss He intentado subir este archivo a un castpost para que lo escucheis (esto se parece mucho a mi ritmo interior) pero no sé por qué Internet se resiste a dejarme hacer eso esta noche. Oye Azul, ¿cómo se hace lo de enviar archivos a un servidor para poder regalarlos como tú? Un día tienes que contárnoslo a los novatos :)) Así que ahora deberé colocarte Besos Y a quién pregunta más abajo sobre ’La Vita Nuova’...
¿Y tú? Tú moreno si no tuvieras esos labios tan bonitos te ibas a enterar de lo que vale un peine ;) Y esta tarde es...![]() I don't deserve to be so lonely here
cambio tango por bolero![]() Consuelo Velázquez escribió esta letra cuando aún era muy joven. Luego siempre afirmó que por aquel entonces aún no sabía lo que eran los besos. Yo creo que esta canción no habla de besos. ¿Tú de qué crees que habla? Nunca le cuento a nadie lo importante que es la música para mí. Y esta madrugada había escrito aquí algo muy largo. Pero le di a una tecla y lo borré. Sólo era que hoy volví a vibrar con una canción. Pero Vibrar, me oyes, Vibrar 11/12/2005 04:04 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. lo que queremos oír
Richard era un hombre de talante y físico agradable... quizá un tanto flemático o impasible pero puede que más bien por la impronta de su procedencia que por el mismo... o quizá fuera porque aún éramos sólo extraños y nos comportábamos como tales. Richard me parecía un hombre atractivo pero reservado y yo estaba sentada entre ellos dos disfrutando felizmente de una copa aunque en algún momento dejé de sentirme cómoda; no sé por qué, se me pasó aquello por la cabeza, la idea de que él, mi acompañante, tenía previsto que entre los tres se estableciera un vínculo más íntimo del que manteníamos en aquel instante y me conducía hacia ello. No sé, quizá fuese por las miradas de Richard que comenzaron a pronunciarse sobre mis ojos y sobre mis labios con otros matices... quizás fuera un comentario anterior que hubo entre ellos del que me sentí al margen pero que me pareció verterse sobre mí . Así que me acerqué al oído de mi amante y le dije: - Sí piensas que voy a estar con los dos estás muy equivocado y vas a tener que buscarte a otra. - ¿De verdad, crees eso? - me contestó él Seguí mirándole durante segundos callada hasta que yo misma me di la respuesta y me levanté para buscar a cualquiera que ocupase mi lugar pero no encontré a nadie y regresé a sentarme aún ofendida frente a él. - Me has hecho daño -me dijo. Acabas de hacerme daño. ¿No entiendes de lo que estábamos hablando, verdad? - Mira bien lo que te voy a decir: No voy a compartirte. Nunca voy a compartirte.¿Me oyes? Tú eres libre de hacer lo que quieras, de irte con quien quieras, con él, conmigo, con quien sea pero yo no voy a compartirte. Esa idea no partirá de mí. Luego, supongo, que se vio en la necesidad de explicarle a Richard parte del incidente que había presenciado y le contó como nos conocimos, la extraña relación que nos unía desde entonces y repitió sobre mi boca un inicio del primer beso que me dio. Y yo acabé pegada a su cuerpo y acariciando su miembro con lujuria por encima del pantalón mientras ellos hablaban. Y después de todo si hubo sexo mientras estaba con los dos. Es curioso acabo de recordar algo que solía preguntarme mi marido cuándo le conocí: - ¿Qué quieres escuchar?. ¿Hay algo que quieres oír? - Si, un ’tú eres mía’. Lo que nunca quiso o supo decir. Siempre le recriminé que no marcase el territorio... pero bueno, fue por eso por lo que me perdió y hoy existen otros hombres.
Nota![]() Lo que escribí más abajo hace muchos meses que lo sé. Me lo contaron las niñas, Laura y María, en Abril. Pero hasta ahora no he tenido fuerzas ni la tolerancia necesaria para afrontarlo como algo exterior. Lo sabía pero me costaba reconocerlo. No podía expresarlo sin morirme de dolor. de piscis![]() Leo a Pau, y pienso en Alma ayer... debería hacer eso, debería ir a alguna tienda y comprarle un montón de cintas de Navidad. Ella sería feliz con eso. Y también pienso en los colores de las salamandras y en el fuego y en los camaleones... Y ayer cuando me meto en la ducha pienso en aquel baño de azulejos negros de la tercera casa que habité...ya no me persiguen aquellos sueños que durante años me acosaron. Tenía pesadillas con aquella casa, las obras interminables, con la cama matrimonial y el regalo de la moqueta azul, los vecinos y la hija que trabajaba en el ayuntamiento, la calle alargada y desértica, la mocosa del bajo vecino pero amaba aquel baño que me imbricaba en un mundo de basalto como si fuera la escama fosforescente de un pez del pleistoceno. El agua caliente golpea con fuerza mi nuca y viajo por el vientre de la tierra. Hans, el islandés, envuelto en su mutismo, ha abierto un curso de agua en el mugido sordo que se ocultaba tras la mica y el feldespato de la roca. De niña recuerdo haber querido ser espeleóloga al leer a Verne, sólo por imaginar lo que sería la esperanza de hallar una caverna capaz de contener un inmenso océano iluminado, perpetuamente, por la luz prodigiosa de una aurora boreal.
El pez será una ausencia cuando ya no lo nombren El pez será el asombro que se finja Entonces se le echará de menos. Más de alguno dirá que él sí lo conocía: Y otro dirá que no Y una anciana gloriosa Y ella no dirá el nombre que una vez fue Se quedará Y los desconocidos se dirán entre sí... Ella Sólo hay algo que de ella va a decirse Mas los hombres esperan el tránsito de las dadoras![]() Escucho ’More than words’... Extreme. Comienzo a escribir. Me pongo el desodorante, busco un balconé perfecto y un tanga negro. Luego las medias encima. Voy al espejo del baño. Agarro el pequeño espejo de mano de la reina malévola, me doy la vuelta y busco la imagen de las nalgas que él verá. Me gusta el efecto de lo que contemplo. La carne tirante de mis glúteos gritando ’¡Tócame!’ bajo la licra de la malla chocolate oscuro.
Escucho ’Breath’... Faith Hill, y he quedado con Nora. Dejo esa hora de magia con Alejandro, si acaso, para después... Se recomienda el link a la imagen por su contenido poético: ’el tránsito de las dadoras’ viernes, 16 de diciembre![]() He recuperado la cobertura. Si seré idiota... había perdido la antena del móvil y ni siquiera me había percatado de ello. Tuvieron que pasar varios días hasta que detecté lo que tenía que haber sido evidente desde el primer momento. Así soy yo. Despistada como una científica loca pero sin ciencia ni locura. Son las 02h00am y enfilo los últimos metros de la recta de casa. Un Hiunday rojo me llama la atención. Es Max. Me cruzo con él. Va a acompañado pero no miro a su acompañante. Y es en el mismo punto en que me dejó posarme aquella madrugada que me trajo hasta aquí vestido sólo con su albornoz porque yo no acepté que me acompañara en su coche bajo ninguna otra condición... Por eso, tal vez gracias a ese maravilloso detalle, yo puedo recordar a ese hombre como alguien que me regaló, hasta aquel momento, la que fue ’la noche más feliz de mi vida’. Es cierto. Fue precioso. Casi todas nuestras veladas habían sido idílicas. Es que no se puede vivir otro tipo de veladas con un hombre ’’idílico’’. Pero aquel día todo fue especial. Yo me escapé de un hotel de mala muerte donde odié la saliva, con el corazón desbocado y un hombre desconocido que había venido a verme desde lejos, persiguiéndome los pasos para darme alcance. Tomé un tren como si me fuera en ello la vida. Envié un mensaje desesperado. Y Max se presentó allí, en la oscuridad de aquella estación solitaria dispuesto a dejarme llorar sobre su hombro, y algo más... Cenamos lasagna, aquella noche y vino, pero la cenamos y la cocinamos y la comimos follando mientras desde su salón nos hacían compañía Damien Rice y Dayna Kurtz. Luego él se quedó conmigo y yo hablé por teléfono con un amigo suyo para que dejaran de esperarle, mientras nosotros seguíamos follando muertos de la risa, al compás de mi lentitud... Se dejó llevar y lloré. Pude llorar entre sus brazos lo que me ahogaba, el principio de lo que me dolería la separación de Laura. Max actuó como un matador del dolor. Yo soy una especialista en eso. Y el sexo con Max fue bueno, más que bueno, fue milagroso... después de conocerle a él, llovieron los amantes como en algunos países tropicales llueven ranas debido a un extraño fenómeno meteorológico, o excrementos de mariposas en forma de gotas de sangre, de esas que han sembrado el pánico y el recelo en las antiguas culturas y en algunos casos han dado lugar hasta verdaderas masacres. Y llovió el amante más bello. Así que espero que le vaya todo bien. Nunca había tenido tantos amantes como hasta este último año. Fue como un bautismo de promiscuidad. Y aún no había conocido al Mejor...
A éste le envío el siguiente mensaje: ’¿Sabes lo que me apetecería ahora que me hablan de ti? Verte jadeándome a cuatro patas y ladrando como un perro’ Es que es un ’’amo’’, según dice, porque ahora dice que ya tiene ’’experiencia’’, y a mí los ’amos lo único que me despiertan son unas ganas tremendas de tratarlos así. Yo dije: ’Prepárate Nora’. Porque vamos, a mí llega un mensaje como éste y en Santa Gadea de Burgos, do juran los fijos dalgos, como canta el cantar... se oyen hasta petardos. Pero mira no, vale. La que más se acercó fue Nora que apostó por algo así como: ’Te deseo mucho, cielo. Un beso’. Dice que está segura de que ese hombre tiene grabadas un montón de notas estándar como esa, para enviárnoslas por doquier. Y nos estamos partiendo en su cocina, primero porque he fumado y segundo porque lo que me cuenta es demencial... y el móvil, mensaje, cómo me ’’aburro’’, comienzan las maldades, ¿Y con quién te vas a poner en plan perverso? ¿con un infeliz? No, es evidente, hay que contar con un motivo imperdonable, aunque dicen que la imbecilidad lo es. Respuesta: Jeje, si esperas que yo haga de perro lo tienes complicado, sabes que me gusta lo contrario... Un lametón guapa Tienen razón, los que lo dicen, soy una provocadora de mierda y mira, le digo, por lo menos a mí me ha mandado un mensaje personalizado y me resulta hilarante todo. Luego ’L’ no lo entiende pero no es realmente como una venganza. Aunque en el fondo... me alegro. Tampoco puedo explicar el por qué. Y Nora dice que yo sí que soy una auténtica Ama. Supongo que lo dice por experiencia. Yo lo que creo es que en un momento dado cualquier papel está bien si estás con la persona adecuada. Pero hay que tener esa suerte tremenda. Y estuve en la tienda de Ángeles. Hacía más de un año que no pasaba por allí pero se me ocurrió que me apetecía mucho leerme ’Trece Campanadas’ de Suso de Toro porque ... porque la primera vez que leí un análisis sobre ese libro, el planteamiento me cautivó... Y entonces se lo dejé encargado a Ángeles, mi librera, pero eso ya fue en agosto del 2004, y hoy entro allí después de todo ese tiempo y ella se se sorprende un poco y me pregunta por lo que he estado haciendo... Y yo... Estuve fuera, le digo. Y no doy pie a más. No sé, la encuentro distinta, más abandonada... me desagrada de repente algo en ella. Sé que es lesbiana y que yo le gustaba, y que a mí me halagaba eso pero antes no importaba el físico con una persona así: agradable, culta, interesante. Y ahora el físico parece que cuenta el doble o el triple o todo. Luego le digo a Nora. ¡Joder! ¿Te has dado cuenta de que últimamente no hago más que interesarme por gente diez o doce o quince años más joven que yo? Es la vejez, dice ella y coincidimos. Aunque yo no creo que tenga una relación directa con mis años sino con el hedonismo. Asocio jovialidad a Placer. Yo lo soy, soy muy jovial y placentera. Y no estoy aquí. En cierta forma sólo estoy tratando de matar el dolor que me procura sentir que no estoy aquí, y en ninguna parte y que probablemente nunca lo estaré, o no lo volveré a estar... Y allí, tomando unas cervezas, me quedo con alguien. Es el hermano pequeño de los gemelos. Pero sólo me fijo en él este último mes. Antes no. Antes era algo completamente... yo que sé... es que si no estaba Nica ni siquiera me apetecía tomarme una cerveza en su bar. Pero los gemelos, después de lo del tanga, no resultaron ser ni joviales, ni frescos, ni placenteros. Y ... nada, que supongo que persigo un poco esa ausencia de máscaras. ¿Qué quiero ahora? ¿sólo follar? ¿pues con quién voy a follar mejor? La gente que empieza tiene más interés en aprender, pone más cuidado, o comete errores más puros. Pero no soporto lo de siempre. No sé qué me sucede. Quiero que un beso no tenga más consecuencias que un beso. Fuera lo abigarrado, lo desmotivador, lo no nutriente. Quiero ver hombres ruborizándose, abriendo mucho lo ojos, gritar, eyaculándo, darlo todo. No guardándose ases en la manga. Quiero mandar a lo sublime a tomar por el culo durante una buena temporada y reírme, reírme mucho, reírme todo el tiempo, hasta casi quedarme sin aire. Matarme de la risa. Pero luego noto esa falta... esa falta de oxígeno que me resulta insoslayable y admito la verdad. Ángeles ha vendido el libro. Dice que seguramente lo vendió, que fue hace más de un año y que si lo quiero tiene que volver a pedírmelo. Le digo que incluya en el pedido también ’Las vírgenes suicidas’ de Eugenides. Es que hay unas frases ahí... y compro un tarot para Sara. Nora cree que se lo merece, aunque a Ángeles no le gusta demasiado el asunto al conocer la edad. Y tengo en las manos un jardín de arena en miniatura. Es una réplica del que existe en el templo de Daisenin. Y Ángeles me explica que el secreto está en hacer los dibujos con el rastrillo aguantando la respiración pero a pesar de ser precioso no me lo llevo. No tendría a quién regalárselo y lo que yo quiero ahora no es precisamente meditar. Pero le compro incienso de aloe. Y también le escribo a Susana, que me pregunta por un hombre. Le digo: No supe más de él. No supe absolutamente nada desde que se marchó. Pero fue fantástico. Un sueño hecho realidad. Será que no hay que pedirle sueños al olmo :) Y no se me puede olvidar el golpe de Santi, el pequeño de Nora, cuatro años. Mira, Carmen, ciervos voladores. ¿Santi tú crees que los ciervos vuelan o sólo esos lo hacen? Ciervos confeccionados con bombillas sobre nuestras cabezas. No, los ciervos no vuelan, hacen volar. Nora me mira entonces y yo respiro ese silencio, que se abre como una puerta entre las dos, profundamente. No vuelan. Hacen volar... como él... domingo, 18 de diciembre![]() Ayer mi cerebro estalla en naranja. No vibra, no hay eros en él. Sólo estalla y luego un mar blanco de tranquilidad. La habitación está a oscuras y tengo los ojos cerrados pero ha sido increíble. Ha sido, en pequeño, como me imagino la explosión de una supernova. Él dice que se asusta, que mi cuerpo experimenta una especie de descarga eléctrica que es como un electroshok y reboto sobre el colchón Estoy masturbándome y él me ayuda. Sólo me ayuda tumbado a mi lado introduciendo en mí un pequeño consolador azul, mientras los dedos de vibración de ese juguete sexual, al que estoy tan apegada, se mueven entre mis dedos que tensan la zona que rodea al clítoris. Pero sólo mi frente se apoya contra él. Sé lo que tengo en la cabeza. No es amor no es nada. No en ese momento. Es lo mismo que cuando estoy sola. Lo que ocurre es que sé que no lo estoy pero eso da igual. Es egoísmo puro. Son escenas pornográficas que ha retenido mi cerebro de entre las últimas películas que he visto. Pero yo actúo en ellas. Él no lo sabe. Él no sabe nada de lo que ocurre por dentro. Ni siquiera gimo demasiado. Sólo le anima a continuar el hecho de que yo cada vez esté más mojada. Sus dedos lo saben y por eso su mano no se detiene. Mientras, yo me transformo en esa mujer rubia a la que aquella enana, que se se pasea en tanga, ata, es grotesca, y espero abierta de piernas por el monstruo que sale de la piscina. Me calienta eso. Ayer es eso. La deformidad. Lo atroz. Un tipo inmenso con una máscara de gas y un slip de cuero y una enana mostruosa que tira de él. Y luego soy esa misma mujer pero en el vestuario. Selecciono una escena y la rebobino. Y la paso una y otra vez. Dos bellezas de ébano lamen mi cuerpo y sólo existe esa franja de piel. Luego no veo más, la escena deriva en un fundido en negro y vuelvo a visionarla hacia atrás. Quizás no dure ni un segundo. Y pienso en panteras, en leones, pero eso no es ahora. Antes, cazo carne. Ñus, cebras, antílopes desgarrados por mis dientes. Dos minúsculas gárgolas doradas se besan en el hueco de mi brazo. Y hay otras dos mulatas en la escena siguiente. No son animales tan bellos. Sexo burdo. Son de otra cinta. Dos prostitutas en una escalera y un hombre... a veces soy ellas, y a veces el hombre. No doy detalles pero son vívidos. Y cuando mi cuerpo bota soy ese hombre penetrando a una de las mujeres. En ese instante todo es naranja. Y luego un mar blanco bajo los ojos cerrados. La tranquilidad. Antes muchas cosas. Después me doy la vuelta y le digo que quiero que me folle de espaldas. Estoy recordando... Me aguanto las ganas de mear como puedo. La vejiga está a reventar. Es raro, dice luego él. Un hombre sería incapaz. Luego se disculpa. Dice que se ha corrido demasiado rápido pero que ha estado toda la semana aguantándose las ganas, que no se ha masturbado ni una sola vez. ¿Por qué? -le pregunto yo. No lo sé -dice. Tal vez porque ahora estoy satisfecho. Su orgasmo tampoco ha estado nada mal. Yo me ocupo de ello. Ahí no era egoísta. Es un intercambio civilizado de placer. Tú te cuídas de mí un rato, más largo, siempre más largo, casi tan largo como yo quiera, y luego yo te hago creer que mi coño no se conforma con otra cosa que no sea desintegrar tu polla. No hay ninguna felación. No me apetece. No, desde que he regresado... Y antes, primero fue la felicidad. Me pareció vislumbrar un camino. Lo quiero. Le digo: ’eso es lo que quiero’. Luego discutimos sin discutir, ese hombre y yo. Estoy hablando con alguien y creo adivinar lo que ocurre. Soy feliz, me siento poderosa, fuerte, convencida... Es miedo -me grito. Me río a carcajadas. Tú sabes que si te acercas lo bastante podrías volverte loco por mí. Vamos, yo estuve allí contigo. Tuviste que sentirlo. Pero él no está seguro de lo que sucedería en ese caso y por eso está dispuesto a ser despiadado. Yo solía serlo. Me cree un personaje así. Una mujer en penumbra... Me acuerdo de muchos nombres entonces, nombres que tuve. De otros nombres bajo los que he escrito, de los que vinieron después. Sobre los que sigo escribiendo. Pero no importa, -me digo: sabbat es todos los nombres. Ese es su significado. Pero esa fase de fe no dura. Luego creo intuir otra cosa. No quiero mirar. Digo, no, no, no, por favor no. Deja que me engañe. Es la piedad. La piedad es la respuesta. Se lo pregunto. ¿Te acostaste conmigo porque te daba pena? Se queda callado. Una vez me dijo que había visto una cosa en mí. Una cosa que estaba en mis ojos. Dijo que cuando se acordaba de mí había unos ojos que le gritaban: ’No me mientas, por favor. No me mientas. Dime lo que sea pero no me mientas’ No puede mentirme. ¿Y qué me ocurre? Que no me muero. Me parecía lo peor que podía pasarme, tenía tanto miedo a que doliera pero lo que siento es que apenas duele, que la piedad no duele. Sólo crees que va a dolerte, que te dolerá tanto que no podrás soportarlo. Pero espero que se abra en mi vientre un infierno de dolor y el dolor no llega. Recordé cuando me lo preguntó. ¿Nunca te has acostado con nadie por piedad? No, yo nunca lo haría. Sería incapaz -le dije. Preparaba un cigarro para mí y estaba concentrada en esa operación por eso no veo su cara. Él entonces, se acostó a mi lado y me dijo que lo había hecho varias veces, que era capaz por el otro... No sé por qué el tono que empleó me estremeció. Pero no quise pensar que era yo, que hablaba de mí. Creo que no hubiera querido de saberlo entonces pero ahora es distinto. No me arrepiento de que mi Mejor vez sucediera gracias a la piedad. Pero no, más piedad no quiero, por supuesto :’)( En realidad no quería escribir ningún texto hoy. No quería escribir nada. Sólo quería colgar esta imagen. Pero eso de la piedad tenía que reconocerlo. Gracias. Muchas gracias. guerra al infierno del frío![]() Esta sobremesa me embebo en ’La balada del loco’ Embebida de tauromaquia, como el toro cuando se queda quieto con la cabeza alta al recibir la estocada. Y esa página que doblé: ’’’El lenguaje es inútil cuando se trata de decir la verdad, de comunicar cosas, sólo permite al que escribe la aproximación desesperada, y por ello, dudosa al objeto, el lenguaje sólo reproduce una autenticidad falsificada, una deformación espantosa, por mucho que el que escribe se esfuerce, las palabras lo aplastan todo contra el suelo y lo dislocan todo y convierten la verdad total en mentira sobre el papel. Otra vez había viajado yo al infierno, en dirección opuesta...’’’ El frío. Thomas Bernhard. intermedio... el café
te he leido ¿y que has pensado? Voy a sacar algo ahora. Estoy buscando una imagen pues que algo en ti ha cambiado, ya no te debates con las emociones o sentimientos de quien estas sino que te ries... te leo y le falta algo... cuando hablas de el hombre que sabe hacer volar, o cuentas algo que te llega dentro trasmites otras cosas... aquí cuentas una realidad tan ......sin sustancia Eso de la piedad es lo que se está quedando..., una realidad sin sustancia si, hablas de forma distinta... tus palabras son las mismas pero expresas cosas distintas, hoy no estas bien No, no lo estoy pero mañana lo estaré vale, te dejo con tu soledad y tu trabajo gracias :)
18/12/2005 18:23 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar. ![]() Esta tarde ’Entre mis recuerdos’... Luz Casal.
Yo también quisiera poder encontrar la manera... cuando la pena cae sobre mí... Ayer recordé también cual fue el primer instante de Magia que viví. Fue en un bar que se llamaba ’El faisan golden’ pero entonces aún tenían que pasar varios años para que Diego, el uruguayo, comenzase a trabajar allí. La atracción se extendió entre los dos como si nos fueran enredando los estambres que partían de una orquidea salvaje que crecía en un lugar donde la atmósfera era más grave, la luz se oscureció, el aliento nos enrarecía y todo en el exterior dejó de existir. Máximo dijo, mientras un abismo abierto en sus pupilas se clavaba en mis labios: ’¡Qué extraño es todo esto! Luego, no te preocupes. Voy a pagar yo. Vete si tienes que irte’. Fue la primera vez que hablamos. Yo tenía una cita en el centro de planificación familiar para hacerme unos análisis. Él ya conocía ese detalle. Acababa de contárselo ¿Para qué? -me preguntó. No se le ocurría el motivo. Claro sí, dijo luego como si el espejismo de una ciudad invisible que sólo él pudiera ver se desvaneciera en algún lugar de su alma. Había querido imaginarse que yo no mantenía relaciones sexuales, que era tan pura e inalcanzable como le hice creer. Fue ahí dónde no quise engañarlo pero la mentira era necesaria. Entonces, Máximo era aún mejor de lo que pensaba. No era sólo un caballero. Era un correcto gentleman inglés. Y yo feliz, por haber sabido elegir... A mí, de todas formas, me había sorprendido que él no fuera como esperaba. Me dejó K.O. técnico en cuanto nos sentamos en aquella esquina y comenzamos a hablar. Le creía más... No sé. Le había seguido durante meses. Me había inventado rituales para ello como Sofía Calle. Conocía sus hábitos. Me había introducido en el mundo de su vida pública, en el supermercado, en los alrededores del colegio, en las consultas ambulatorias. Le había oído, hablarle a sus amigos de las llanuras del Serengueti sentada en una mesa cercana, como hipnotizada por el poder de evocación de su voz, y de repente era distinto. Era parco en palabras y cetrino. La piel también lo era, cetrina como si la sangre estuviera mezclada con la savia aceitunera de los olivos de su Jaén natal. Tenía marcas esculpidas en la cara, secuelas de alguna terrible enfermedad infantil. Eso lo conocía pero no su marcado complejo de inferioridad. A pesar de ello le ofrecí mi teléfono. Dijo que sí lo quería despues de negar que yo le pareciera tímida. Me sentí encantada por su ironía. Máximo fue el hombre irónico. Entonces mi letra aún no se había deformado. Pero tampoco había pasado por la experiencia de cerciorarme de como ese mismo hombre iba a reírse de mí en compañía de aquellas mujeres amigas suyas. Me pareció bajo entonces, tal vez porque yo aún me consideraba mejor que ellas, mejor casi que cualquiera. Aquello era la enfermedad. Alguien me dijo una vez: ’Tienes una marca, el ser capaz de llevar contigo toda esa negrura, de soportarla, de convivir con ella, de vencerla a veces, de sobrevir a ella, te hace sentirte a veces hermosa y superior. Tienes una marca y esa misma marca que señala tu desgracia, es a la vez tu signo de distinción’ Y Máximo mientras duró el instante mágico era ante todo distinguido en su desgracia. Eso era lo que nos hermanaba. Podía haberlo perdido todo... se había quedado en el paro a los cuarenta y dos años, los demás parecían cebarse con saña en él y su matrimonio se percibía con claridad que hacia aguas pero no había perdido ni un ápice de su clase. Hasta aquellas dolorosas risas... Entonces sí, entonces se me hacía difícil reconocer al mismo hombre que había deseado enamorar. Porque yo no me enamoré de Máximo. No, que va. Lo elegí para enamorarme de él y me dediqué, durante los meses del otoño y del invierno, entusiasta a esa labor, como si fuera un negocio redondo que me haría asquerosamente rica, poniendo las mismas energías, las mismas ilusiones, las mismas ganas, a enamorarle para luego poder soltarme de Pablo y Enamorarme de él. No comprendo bien lo que salió mal pero algo tuvo que ver con la cantidad de frustración que Máximo era capaz de tolerar. Las gentes nos salimos de los cánones cuando las circunstancias nos presionan lo bastante por lo emocional pero él no supo vencer su miedo al rechazo y opto por lo más fácil. La pequeña Luisa. Ni siquiera fue Merce. No podía perdonarle eso, que se quedara sólo con el premio de consolación cuando ya tenía a aquella sexy e interesante pelirroja en el bote. Pero eso él no lo sabía. Sólo yo desde fuera podía verlo Aunque acabo de recordar algo... Aquello no estuvo bien. Lo había olvidado. Yo le traicioné primero. Hice algo muy sucio que incluso podía perjudicarle socialmente. Fue una mala jugada. Y ese es un secreto que nunca confié. Aunque sé que él lo supo. Y yo me convertí en esa íntima convicción Nunca le he hablado de esa oscuridad a nadie. Porque aquella vez me venció la oscuridad pero la verdad es que no era una oscuridad inevitable, era la oscuridad despiadada. El primer instante de Magia ocurrió después. Hay un viento árido y seco ahora. el jardinero fiel![]() Esto es el lunes. El día que voy a ver al doctor R. Atravieso el parque. Busco un lugar tranquilo para sentarme a fumar un cigarro. Hay un estanque de patos pero los operarios del ayuntamiento trabajan cerca y eso me aleja. El ruido es insoportable. Me decido por ir a ver a Alejandro. Le encuentro solo. Sentado tras la mesa de la consulta. La sorpresa no le resulta desagradable. Le muestro las radiografías. Hablamos durante unos minutos. Está guapísimo. Ese día lleva una bata blanca. Dice que me llamará cuando tenga alguna respuesta. Me despido. Busco el mismo parque pero me siento en un banco cerca de la carretera. Allí le hago una llamada a Pablo mientras fumo. He visto dos llamadas suyas esa misma mañana. Me las hizo el sábado. Le pregunto que quiere. Dice que sólo preguntarme el teléfono de Sherekan. ¿Y yo por qué lo iba a tener? Está tratando de decirme que a su manera se siente celoso y que lo sabe. Me importa una mierda. El teléfono vuelve a sonar. Es mi marido. También quiere saber pero lo que me ha dicho el médico. ¿Dónde estás? -me pregunta. Se lo digo. ¿Y no pensabas llamarme? -dice. Sí, ahora mismo buscaba el teléfono para eso. Mentira. ¿Me pregunta si pasa a recogerme? Quiere llevarme a alguna parte para celebrar mi cumpleaños. Acepto. Dice que en quince minutos vendrá a buscarme. Siento como el ruido se acerca. Los operarios del ayuntamiento se detienen pero ahora están sólo a unos 20 metros. Reconozco a uno de ellos. Sabía que trabaja como jardinero. Le vi hace unos meses en el parterre de esta rotonda en la que vivo. Él no me vio. Mejor así. Pero ahora también me mira. Hablan entre ellos. Les dice algo a los otros. Comienza el ruido, es lo que hace que se levanten las hojas del suelo. Un día, el primer día que veo a ese hombre es en una cafetería. Él está con un matrimonio. Y hay algo en su mirada y en su contención que me resulta muy atractivo. Es fuerte. Grande. Alto. Desgarbado. Tiene el pelo leonino. Pero es algo más que su aspecto físico. Se da cuenta de que, yo ausente de la conversación en que estoy, le miro y me mira. Él también calla. Pero a la vez es como si todo su cuerpo callara algo... el hombre silencio. Transcurren un par de años. Y esto es el año pasado. Un día Nora me pide que la acompañe a buscar a Sara a la piscina. Lo vuelvo a ver allí. Yo me quedo fuera y él sale por esa puerta. La misma mirada. Sus ojos se posan sobre mí como un horizonte marino o como la garganta de una montaña. Siento lo mismo. Lo que calla la naturaleza, con esa misma contención. Tiene una familia. Ese es el por qué del silencio. Por eso no puede hablar conmigo pero aún así no deja de mirarme. Yo tampoco lo hago. Cuando todos suben al coche les sigo con la vista. Los demás, en ese momento, están ajenos a esa comunicación nuestra y él lo sabe. Así es como fue con Máximo. Nora aparece. La primera vez que le veo también estoy con ella pero ella no ve a ningún hombre. Nora no busca todo el tiempo, como yo, ese margen donde todo ocurre al margen de los demás... Y ahora está ahí, detenido, mirándome. Hasta que por fin se decide y echa a andar en mi dirección. Yo espero sin alterarme. No hay ninguna emoción que no sea la del misterio y la de la carne. Llega a mi altura. Apenas entreabre los labios para hablar. Masculla. Muerde con suavidad las palabras. como si fueran hojas hierba buena. Dice que en unos minutos tendré que levantarme y buscar otro banco porque pronto comenzarán a volar las hojas por encima de mí. Apenas entreabro los labios para responderle. Sí, ahora me levanto, en un minuto. Dejo que se vaya y que comience a trabajar con su rastrillo. Recojo el teléfono en el bolso y tomo el primer sendero. Salgo a la carretera. Me paseo arriba y abajo por ella. Él mira pero ahora su mirada es distinta. Yo diría que hay algo que me recuerda a la nostalgia en ella. Es el dolor. Supongo que los dos echamos en falta algo como eso del otro. Mi marido no tarda demasiado en llegar. Mientras me monto en el coche él sigue mirando en mi dirección pero no lo hace con descaro. Hay intensidad. No se aparta de mis ojos aunque continúa con su tarea. El mismo silencio. La misma contención. Ni siquiera ve a mi marido. Fin de la tregua. ¿Sirven para algo las terapias psicológicas?![]() ¿Sirven para algo las terapias psicológicas? ¿Cómo evoluciona cada paciente después de una terapia? Estas parecen ser las preguntas que se formuló el Doctor Akeret antes de emprender un viaje para visitar a algunos de los que habían sido sus pacientes. Con la curiosidad propia de alguien que había atendido y se había adentrado en los problemas de numerosas personas, Akeret nos presenta a sus pacientes y sus historias particulares en un libro sorprendente: Naomi, una chica del Bronx que decidió convertirse en Isabella, una bailadora flamenca. Charles, un domador de circo que se enamoró de un oso polar. Seth, obsesionado con fantasías sadomasoquistas Sasha, un escritor francés premiado, con una fuerte inclinación por la explotación de sus mujeres Mary, una joven con inclinaciones asesinas Con el brillante enfoque que nos proporcionan algunas novelas de detectives, Akeret en ’Historias de un terapeuta viajero’ (Edit. Urano) nos ofrece sus historias de psicoterapia, pobladas por fascinantes detalles.
Kurt tiene fibrosis quística pero tiene 31 años... ’’’Kurt disfruta viviendo. Ahora bien, está en una situación única que le permite darse cuenta de la naturaleza tragicómica de la vida. George Bernard Shaw lo resumió muy bien: La vida no deja de ser graciosa cuando la gente muere del mismo modo que tampoco deja de ser seria cuando la gente ríe. Nuestra intuición nos dice que la risa es una buena medicina y, además, la ciencia ha demostrado que la risa es beneficiosa a nivel fisiológico. Cuando uno ríe con ganas, la respiración es más profunda y espasmódica, aumenta la velocidad de los latidos del corazón y sube la tensión sanguínea. Marvin Herring, Doctor en Medicina, afirma lo siguiente: ’El diafragma, el tórax, el abdomen el corazón, los pulmones, e incluso el hígado reciben un buen masaje cuando el sujeto ríe de veras’. Cuando uno termina de reír disminuye la tensión y bajan la tensión sanguínea y la velocidad de los latidos del corazón, manteniéndose por debajo de los niveles normales durante unos 45 minutos. Reír unas 100 o 200 veces al día es como remar unos diez minutos, según William Fry, médico psiquiatra de la Facultad de Medicina de Stanford. La risa también se ha asociado a la producción de endorfinas por el cuerpo. Se dice a veces que las endorfinas son las opiáceas de la naturaleza, dada la euforia ligada a su liberación’’’ Y de este tipo también me gusta mucho una cita que explica una diferencia fundamental:Compasión y lástima (o piedad) Compasión y lástima no son exactamente lo mismo. Mientras que la primera refleja el anhelo del corazón de fundirse con el otro y asumir parte del sufrimiento, la segunda es un conjunto limitado de pensamientos concebido para asegurar un estado de separación.La compasión es la respuesta espontánea del amor; la lástima el reflejo involuntario del miedo. Yo le dije aquel hombre que sabía hacer volar que nunca follaría por piedad (por lástima) pero en realidad lo que quería decirle es que sólo me gusta verdaderamente follar cuando follo con compasión. Hasta las preposiciones que anteceden a las distintas expresiones son diferentes. Lo primero es excluyente y me resultaría imperdonable. Lo segundo sublime, lo deseable...Y creo que Richard si viviera aún... estaría de acuerdo conmigo. 19/12/2005 12:23 Autor: imaginate. Enlace permanente. Tema: ... algo de lo que a mí me Interesa... Hay 1 comentario. en sus zapatos
Nora no entiende esto mío con la risa. No la culpo. Nora no tiene demasiado sentido del humor pero yo, por el contrario, puedo reírme en las situaciones más inverosímiles y menos recomendables. Y cuando no me siento demasiado bien... lo que hago un poco es forzarme a entrar en situaciones que estimulen el ámbito de la levedad. La risa nace más fácil cuando nos estamos relajando. Es como si entonces algo se aflojara dentro. Y por eso a veces elijo ver comedias ligeras que sé que no me van a aportar gran cosa pero que en cierto sentido van a contribuir a mejorar mi estado de bienestar... y ese fue el caso de la madrugada del sabado, ’En sus zapatos’. Rose Feller (Toni Colette) es abogada, es aburrida, es inteligente de una forma práctica, y una trabajadora incansable (el trabajo como huída de la realidad emocional). La realidad es que Rosse tiene una autoimagen de puta pena. Es más, confía tan poco en si misma, que para creer que pudo ligarse a ese tío tan sexy, tan interesante y tan atractivo que ahora duerme en su cama, necesita tomar hasta una instantanea digital del hecho. Así que cuando quiere premiarse por algo que en realidad no la satisface, se permite lo único que cree que le sienta bien: los zapatos. Se compra zapatos bellísimos que luego nunca tiene ocasión de disfrutar... Maggie Feller (Cameron Diaz) es genial: alegre, desenfadada, divertida, con un físico imponente... pero es un desastre en el terreno en el que su hermana triunfa. A Maggie, todo hay que decirlo, le sientan de miedo los zapatos de Rosse. Y ella también lo piensa, asi que no tiene ningún reparo en tomarlos prestados. Aunque yo a quién tenía ganas de ver en su papel de abuela de ambas, era a Shirley MacLaine (Ella Hirsh)
Y lo que me resulta más interesante es la cualidad de los mensajes, que a pesar de ese amor que se tienen, se envían la una a la otra todo el rato. La inteligente Rosse continuamente machaca a la rubia Cameron con lo mismo: eres una descerebrada y una golfa, y debes encontrar un trabajo. Y hay una escena muy interesante que ocurre en una cafetería donde ambas están pasando un buen rato, cuando Rosse le pregunta a la camarera que las sirve si allí buscan personal. ¡Jo-der! Imagínate. Llevas veinte minutos partiéndote el culo con tu colega y de repente zás, tu hermana que no sabe relajarse nunca te asesta un golpe así. Te recuerda que tienes obligaciones con tu vida y cree que lo mejor para ti es que te encierres en una bar de mala muerte a servirles burritos, bollos, y alitas de pollo, a putas, policias, y camioneros. Creo que dice algo como eso. Y en ese instante es cuando ocurre una de esas dos escenas sólo por las que el mensaje de la película merece la pena. Vale, devoradora, disfruta de tu momento pero recuerda que se acaba, que dentro de un tiempo lo que hoy te puede pegar, cuando pasen los años, si sigues así, va a resultar patético. Esos tipos no te van a invitar a las copas a ti, porque entonces se las van a pagar a esas dos tías de la barra a las que casi doblas la edad. No le está mintiendo. Esa es la parte del Amor que me gusta. La parte en que uno le hace tomar conciencia a otro, en principio por su bien, de lo que es evidente y sobre lo que el otro , por estar tan inmerso en su situación vital, no logra ver con perspectiva. Pero lo que le sobra a Rosse no son las acumulaciones de grasa en la zona de los glúteos y las caderas. Sino el rencor y la amargura que le provoca el físico espectacular de Maggie. Y creo que una de las emociones que más oscurece la comunicación es la Envidia. Yo encuentro a Maggie muy irresponsable y vamos, tiene un morro que se lo pisa. Pero no me transmite la sensación de mezquindad. El mezquino lo suele ser para todo. Para los demás, sí, pero también para si mismo. Y creo que eso es un poco lo que nos ocurre con todas las cosas. Podemos proyectarlas, podemos arrojárselas al otro a la cara, pero el otro no tiene verdadera culpa de nuestra mezquindad. Son excusas. Aunque eso que luego le dice Maggie a Rosse en la escena con más tensión es muy doloroso. Eres repugnante ¿Así quién te va a preferir a ti? Pero en realidad Maggie no se lo dice por el aspecto físico sino por lo mezquina que Rosse está siendo consigo misma. Es por su actitud. Se hieren profundamente al poner en relieve lo que en su interior piensan la una acerca de la otra. De este tipo de mensajes hablaba. Y luego hay otro detalle y que recuerdo ahora y que me encanta. La forma que tienen las dos hermanas de contarnos cosas acerca de su madre... es Mágica. La madre podía estar loca pero para las niñas era Maravillosa. Y aquí entra en escena la abuela. El personaje de Shirley McKlein vive escondiendo algo de su pasado. Su hija se suicidó. Ella no quería que se casara con el padre de las niñas. No quería que tuviera hijos. No creía que debiera dejarla que cometiera ese error, porque para ella sólo era un error. Pensaba que no iba a funcionar... Ahí te das cuenta de que estas hermanas han crecido en el territorio de lo inexpresado. Ni siquiera saben que su abuela está viva. Su padre escondió las cartas que Ella Hirsh les enviaba. Ella tampoco hizo más por verlas... el nuevo matrimonio de su padre tampoco debió hacer que las cosas fueran demasiado fáciles. La madrastra es auténticamente insoportable. De hecho la hija de esta mujer y su desprecio por ellas, es esa zona común dónde las dos están de acuerdo y se ríen... El drama de Rosse es que no puede trivializar la vida y ’’el drama’’ de Maggie es que no cree en los dramas. Maggie va y viene, se de deja ir, relativiza. También estupenda la escena dónde te formas una idea de la verdadera dimensión de su carácter extravertido. Ella elige. Se folla a los tíos que le apetece, pero eso no significa que le sirva cualquier tipo. No lo acepta. El personaje no carece de límites pero tienen que ser sus propios límites. No deja que abusen de ella.
*(la imagen de los pies la tomó Laura)
![]() Y una no es nadie, sólo un insecto insignificante, una mariposa mutada a fruto de madera, con alas de madera, alas como corcheas, un octavo de redonda, la mitad de una negra. Para los chinos la madera es el quinto elemento. ¿pero es mi quinto elemento?. 'Alguien' me dijo, alguien para el que el quinto elemento era el desapego, alguien me dijo que cada uno debe descubrir su quinto elemento pero el desapego es del aire, es una cualidad aérea. No era ningún quinto elemento ... y un poema de E.E. Cummings![]() Maggie fue incapaz de leer ante la cámara el mensaje de la pantalla. Aquel era un trabajo como presentadora para una cadena de televisión. Sufre un bloqueo pero tú no te explicas el por qué. La hubieran contratado. La chica tiene ángel. Luego termina por encontrar trabajo en una peluquería canina y rapta a un perro... su hermana la expulsa de su casa cuando la descubre con su amante, y Maggie le pide por el polvo 200 pavos a ese tipo que se acaba de follar, y viaja a Miami donde se la ve dispuesta a pegarse otra vez la vida padre en casa de su abuela. Pero en algún momento algo comienza a cambiar... entonces entra en una habitación. Aquello es una especie de urbanización-asilo. Hay un hombre viejo en la cama. Mientras Maggie le suministra la medicación el anciano le habla de su nieto que vive en otro estado y es médico. Maggie se ríe y le dice que es mejor que no se lo presente. ¿Por qué? ¿Eres peligrosa? Sí, lo soy. Soy peligrosa. Entonces el anciano le tiende un libro. Está ciego y Maggie parece que va a rehusar. Es como si el libro le produjera rechazo. Leo despacio -dice. Y yo escucho despacio -contesta el hombre infranqueable. Maggie abre el libro por cualquier página y comienza la lectura. Imposible. Tiene que dejarlo. ’Lo siento’ -añade. ’Pero tengo que trabajar’. Eres disléxica. Ahí está la perspicacia del hombre. Vamos, fui maestro, sólo tienes que leer antes las palabras en tu cerebro y ordenarlas. Ahí esta la confianza necesaria. Maggie se sienta en su cama y lee el poema. La lectura es patética. Parece una niña. Esa chica resuelta y alocada, de pronto sólo es alguien asustado y frágil ante un poema. Llega al final. ¿Qué has leído? -le pregunta el maestro. Pero Maggie parece no saberlo, aunque eso no es cierto. Otra vez las preguntas resultan ser más necesarias que las respuestas. Sí, lo sabes. ¿De qué trata? De una despedida -contesta Maggie. Más preguntas del hombre... No, al principio parece hablar de cosas materiales o poco importantes como de perder un cenicero pero luego es un continente. Y la distancia. Es como si el autor o la autora tratara de distanciarse del dolor por medio de la escritura. ¿Es un amante lo que ha perdido? No, una amiga. Maggie también había perdido a Rosse. Eres muy lista -le dice entonces el maestro. Y tal vez esa sea la primera vez, en la vida de Maggie, que alguien alaba su capacidad intelectual. ¿El efecto mariposa del asunto? Maggie acaba recitando a E.E. Cummings en la boda de su hermana. Llevo tu corazón conmigo (lo llevo en mi corazón) P.S: Ya está, Salva, ¿era lo que te esperabas? Yo también tengo algo de dislexia.’En sus zapatos’ está basada en una novela homónima de Jennifer Weiner
Se presenta cuando el hemisferio cerebral izquierdo, responsable de procesar la información visual, realiza su tarea a una velocidad inferior que el lado derecho, encargado de los procesos del lenguaje. Generalmente es hereditaria. El DON DE LA DISLEXIA (en otra página)
Debido a que pensamos con imágenes y no con las palabras, muchas veces nos es muy difícil entender las letras, los símbolos y las palabras escritas. También nos distraemos con mucha facilidad, pero podemos aprender a leer, escribir, a poner atención y a estudiar más eficientemente cuando nos enseñan métodos adecuados a nuestro estilo de aprendizaje. martes, 20 de diciembre![]() El colgante con el cuarzo rosa ha desaparecido. Lo busco ahora y no está con el otro, no está donde lo dejé cuando regresé. Hace una par de horas estuve hablando con Su acerca de ello. Luego lo busco por toda la habitación. No, definitivamente no lo encuentro. Ha desaparecido y no sé lo que eso puede significar pero es extraño. Ahora ya no estoy tranquila. Hay como una desazón. Y¨la desazón se me ha alojado en las vísceras. Tengo que encontrarlo como sea, porque sospecho que no me volveré a sentir tranquila hasta que dé con él. Lo extraño es que no me preocupé más por ese cuarzo hasta hoy.
Y hace unos minutos me llega un mail de María hablando del reiki. Le contesto. Le hablo de esto que esto que estoy escribiendo aquí y de la tristeza. Y sigo escribiendo... estamos dando la vuelta a la rotonda cuando Coga dice que depende de la hora que sea cuando lleguemos a Gijón procurará acercarme a donde le he pedido. Sigo viaje en silencio y la encina queda atrás.
También me dí cuenta que estás muy triste, se nota... se nota en cómo escribís... Creo que aunque quisieras "esconderlo", no podrías hacerlo. Una vez te dije que cuando leía, imaginaba la voz, como si te estuviera "escuchando" contar lo que escribiste, y mi imaginación hace que te lea así, como cuando uno habla estando triste... quizás no en el timbre de la voz, pero sí en la mirada. Es difícil poder explicarlo, pero espero, y supongo, que entendés lo que trato de decirte. Lo del cuarzo, es curioso... yo elegí uno para vos, para mandarte reiki, y lo elegí ayer. Ahora está en agua y sal marina, para limpiarlo, mañana ya va a estar listo para poder ponerlo en "funcionamiento". Otro besote Sola... Diana Navarro![]() El amor tiene una barca sola sola pena y melancolía sola sola
Muchas gracias Mayte por interpretarme tan Bien :) 21/12/2005 10:41 Autor: imaginate. Enlace permanente. Tema: Música en esta bitácora Hay 1 comentario. miércoles, 21 de diciembre
La autopista está en obras. Diez minutos de atasco. Le digo que me deje donde el Bariloche. El Bariloche fue ese lugar en donde estuve desayunando un croisant a la plancha con Klaus, después de la que fue una de las madrugadas más angustiosas de mi vida. Busco el mismo cajero que él utilizó y experimento la misma sensación opresiva de aquella mañana. La de ser un pájaro enjaulado que se muere de ganas de volar... Con Klaus el Amor no era posible. Sólo la opresión. Sigo el plan alternativo B. Entro en Paradiso y ahí sí tienen la Agenda de Alquimia que Su quería. Ella tenía razón: es muy bonita y así me aseguro de que siempre que la vea piense de alguna manera en mí. La llamo por teléfono luego. No se lo espera. Ya ha quedado con alguien pero eso es a la hora en que yo me tendría que ir. Me dirijo hacia su casa y abandono el Gijón doloroso. El Gijón que cuando paseaba con el hombre que sabe hacer volar era dicha.
Al fondo, la única parte que no duele de la misma manera: el cerro de Santa Catalina. Allí fue donde estuve con aquel vasco al que dejé plantado en una habitación de hotel el día que escuché hablar al viento en el elogio del horizonte. Y con Klaus antes de que me leyera los capítulos de Rayuela que se traía preparados. Qué curiosa es la gente. Yo no querría hacer eso. Usurpar el sentimiento que un hombre sabe que a una mujer le produce un libro por otro hombre. No sé... por ejemplo, recuerdo lo mismo que le conté a Su. Hay un momento en que yo le preparo un porro a ese hombre con el que bebo del Absoluto. Y lo cargo mucho. Tanto que ni siquiera fumando juntos nos lo podemos terminar. Él ha vuelto a mirar su teléfono móvil. Está muy pendiente de él. Actúa como quién está impaciente por recibir ese mensaje que parece que te salva la vida, ese que cuando se produce sientes que te hace Vibrar al unísono de otra persona, con la misma longitud de onda, con el mismo Deseo. Y yo en ese momento sé que ya no enviaré más mensajes esperando que ese mensaje sea el mío. Ya lo estoy viendo, ya sé que no es el mío, que no soy yo... Yo sólo estoy allí con él desnuda sin necesitar nada del Exterior. Y comienzo a contarle algo que meses atrás había pensado que me gustaría contarle. No sé por qué lo hago. No sé cual fue el detonante. Estábamos hablando. Él ya quería dormir. Me había partido de nuevo cuando dijo eso de que quería dormir... Y vale, que se lo cuento. De esto que le hablo él no sospechaba nada. No quise escribírselo cuando sucedió porque tenía miedo que me repitiera que a esas historias a él no le interesaban nada. Pero sé que esas cosas son distintas cuando las hablas y pones caras y las rellenas de expresiones que le restan a todo importancia. Y sobre todo te ríes. Bueno, sí, que aquel hombre se hizo pasar por ti y... ¿Cómo? ¿Cómo? Repite eso que me interesa mucho -dijo. Entonces creo que intento explicárselo mejor pero ya no era capaz por el humo. ¿Y por qué no me lo habías contado? -me preguntó. Porque dije que te lo contaría un día cenando pero antes se me olvidó hacerlo y de todas formas te lo estoy contando ahora. Entonces le hablé de unos archivos. Puedo mandártelos si quieres -pero lo digo sin ninguna convicción. Está todo ahí. Por supuesto -dijo él. Vale sí pero luego no vayas a quejarte de que inundo tu correo con vertidos emocionales... Lo que ya no me esperaba fue el golpe que vino después. Al parecer a otras dos ex-amantes, ahora amigas, les había ocurrido lo mismo. Y a otra Mujer (dijo Mujer, sonó en mayúsculas) alguien la había llamado haciéndose pasar por él... Y entendí que esa era la misma Mujer de ese mensaje de teléfono móvil que no sé si al final llegó o no llegó, y que la historia que le estaba contando y el interés que le había despertado no tenía nada que ver conmigo. A la que ya no le interesaba algo que sucedió hace seis o cuatro meses atrás era a mí. Lo primero había contribuido a acabar con la maravillosa relación que él y yo manteníamos. Y lo segundo había desencadenado en mí la necesidad de recuperar esa relación. Hasta ahí me importaba a mí el asunto. Había sido algo anecdótico y yo a ese algo ya le había puesto un punto y final. Como antes, como cuando era joven y no me molestaba en contarle nada a nadie, nada de lo mío, porque ya sabía de sobra que a nadie le interesaba demasiado y por eso no iba a hacer ningún esfuerzo por Entender. Me jodió en el Alma aquel momento. Todo Todo habría sido Perfecto sin aquel momento. Habría mantenido la Ilusión. Luego veo como Coga se despide de su compañero y como comienza a andar apurado sin esperarme. Cruza la carretera por entre los coches como si fuera un loco. Y pienso: ’ya está... ahora se ha vuelto chiflado’. En su familia por las dos ramas hay más de un precedente de locura. Mira hacia atrás y vuelve a alzar el brazo para despedirse de ese hombre calvo que ahora avanza a mi lado y me observa con atención. No digo nada. Yo ni siquiera miro a ese hombre y dejo que me sobrepase. Camino en silencio observando como Coga desaparece tras doblar una esquina. Cruzo igual que él, aunque pienso que no voy a poder hacerlo. Me aterrorizan las carreteras. Me ponen muy nerviosa porque hubo un incidente que casi acaba con mi vida en mi infancia. Y luego Coga en el coche, mientras yo permanezco en silencio, me dice que le ha gustado mucho lo poco evidente que he sido. La verdad es que lo que no comprendo es como he sido capaz de controlarme. Cuando lo vi cruzar así y dejarme atrás pensé enfadada: ’Si será mamón el tío’. Lo que no podía imaginarme era que él no le había dicho nada a su compañero, que no le dijo quién era yo. Por eso actuó como si estuviera solo y se fuera solo. Nos ponemos en marcha y le matizo una última cosa: ’Pues recuérdalo. Espero que cuando sé de el caso tú hagas exactamente lo mismo por mí’. No te preocupes lo haré, haré lo mismo. Eso sería perfecto -pienso mientras le escucho pero se que a él no le va a resultar tan sencillo. Yo me comporto así porque es lo que quiero, porque es lo Natural en mí pero Coga no es como yo.
menos de 24 horasDa la hora y de pronto el marcador digital se oscurece. Miro a la vía con angustia, nada asoma. Busco a Tracia en el cielo, entre los raíles de la estación. Yo no tengo un ángel. Tengo una gaviota y las gaviotas son mortales. Me alarmo. No sé por qué se apegó a mí . Lo ignoro. Apareció, sobrevolándome un día, la miré y ya no se fue. Y Tracia parece que no envejece. Imagino que la Muerte será el día que no la vea. O será el día que me lleve a volar con ella. Pero todavía no sé que esa madrugada he de mirar cara a cara a la Muerte, todavía desconozco tantas cosas importantes en ese mediodía... No sé, por ejemplo, que voy a sumar a dos hombres que un día se dividieron. Yo los dividí en mi interior. Tampoco le pregunté a él si en algún momento notó la diferencia, y menos qué fue lo que pensó acerca de esa inquietante cuestión. Le resté importancia. Quise hacerlo y fue pasmoso eso. Ahora lo entiendo. Pero tampoco entonces sé que me voy a enamorar más profundamente, más de lo que estaba previsto. Yo le había reservado sólo ese hueco del calendario para luego tal vez huir. Pero dos hombres que se reúnen de pronto fueron demasiados para ese hueco. Así que me enajeno y todas mis mujeres bailan con ellos. ¡Imbécil! -me atormentaría a la noche la uruguaya cuando no duermo, luego, ¿cómo se te ocurre siquiera pensar eso? Previsto, previsto. Eres tan imbécil que hasta te lo mereces. La uruguaya es dura. Pero no más conmigo que con ella. Ya pasó por la misma experiencia y es puta. Una puta culta que sólo se alquila y lee libros de poesía, que luego esconde en sitios imposibles. Dice que lo hace por su trabajo, para poder acceder a esos hombres que son como él, pero luego no tiene teléfono. Es por ahorrar. ¡Todo pamplinas! Bajo esos bocajarros que te escupe la uruguaya es tan tierna como yo. Mi bebé -dijo. Por un momento se apagaron los interruptores y me desconecté -me disculpo con ella. No noté el dolor. Así que no sé dónde fue que estuve. Me debatí sobre su boca. Me debatí como una roca en el acantilado de una galerna, y creí poder apresar para siempre las terminaciones nerviosas de su lengua, con los músculos más estrictos de los valles cóncavos de mis labios internos. Clavé mi coño en su cara, más hondamente, como si fuera una función transitiva. Y fue un tránsito. Ebria de deseo y humo alucinogeno me besó la eternidad. Le pedí que se detuviera. Ya no lo quería. Me aterrorizaba quererlo más. Se lo supliqué. Me desesperé. Aún así no lo hizo, se agarró con fuerza a mis nalgas y siguió lamiéndome con una impunidad feroz. Lobo con la loba de alambique. Luego mi clítoris se ocultó dentro de su boca y yo sólo supe que él lo hizo girar. Entonces mi cerebro estalló. Fue algo atroz, insostenible, como un cambio de estructura molecular. La vibración continúo viaje conmigo. Y entre el temblor se abrió un abismo que surgió de la más absoluta oscuridad. Pero yo en el fondo supe que ya no podía, que no quería bajarme de aquello. Era como una prueba. Aunque sospecho que él también lo supo. Y es en ese mismo instante en el que siento que ese hombre sin nombre, me conoce mejor que yo a mí misma, tanto como si estuviera dentro mío, tanto como si pensara lo que yo pienso en el instante mismo en que lo estoy pensando, en el instante en que lo he comenzado a pensar. Sólo necesitaba que alguien me empujase pero no logro confiar en nadie para esa labor. Sólo en mí así que me quedaré sin conocerlo. Pero luego le conozco a él. Y en él también confío. Algo me empuja a hacerlo. En ese amante que a veces sólo es silencio. Creo que supo que si continuaba iba a desconectarme. Y lo quiso. O eso, o que luego le mataría. Pero yo sólo le habría matado por haberse detenido. Me Ganó más de dos veces en menos de 24 horas, cuando nadie se había aproximado siquiera a hacerlo ninguna. Eso lo sabes justo en el momento que ocurre y luego ya no lo olvidas. Estaba arrodillada con las piernas abiertas sobre su cara. Abierta y volcada sobre el vértigo como una matriz. Como ese líquido fluido y puro que golpea el suelo desde las manos de aquella Circe pintada por Waterhouse. Derramándome. No debía ni dejarle respirar. Pero aún así no se detuvo. Me obligó a ir más allá. Y aún más allá de lo que nunca habría imaginado posible. Fue entonces cuando entendí a la uruguaya. Una hora antes no había sido capaz. No había nada ahí afuera, pero Nada. Grité. Detente. No sé que el Amor no tiene nombre, y que por eso aún no lo digo, no lo sé explicar. Quiero decírselo y no puedo. El amor es un secreto. Debe de ser un secreto. La atrayente belleza de esa impávida incertumbre. Y aquí encajan como una cerradura engrasada, esos versos de Mark Strand.
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