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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Lo poético.
 Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria a la que adulan con la semilla de los ojos. Verdaderamente las especies de la verdad son cosas difíciles de creer, extraños seres petrificados en la ternura como benignos nódulos en la perfección de los huesos. En aquel tiempo yo tenía el sueño de una libélula entre los juncos del corazón. Cansadas como paraguas cerrados recogía las maderas auditivas de un mar inexistente y con ellas construía algo parecido a una casa. En aquellos días algo parecido a una casa eran las conversaciones, palabras relacionadas con la pestaña premonitoria, gatos en los cerezos. Yo desconocía los vínculos y toda oscuridad era para mí un obsequio, un rumor de la eternidad que se prestaba como cuerpo desnudo a mi mano. No era la boca del amor la que respiraba ese óxido, sino la imaginación del amor como un sastre con pantalones verdes el día de la felicidad. Verdaderamente las especies de la verdad son cosas difíciles de creer, la ilusión del hombre es una luz que llega desde lo desconocido mas no es él el dueño de esa invención sino el ruido de un rumor prestado, la cámara del que guarda su placer en ella. Yo tenía la costura de una libélula en el corazón pero las hojas cerebrales hacían crecer mis manos hacia dentro en busca de una palanca con la que desalojar la piedra del miedo. Sin esfuerzo comencé a llorar al revés, a confundir los sentidos que guían la gota gramática hacia una lengua extranjera. Antes que me tomaran por un extraño ya que yo no era el dueño de esa invención me alejé del optimismo de ser entendido por más de dos y comencé a oír mis propias palabras como martillazos retumbando en un espacio vacío. Era como si el tiempo hubiera dejado de durar, era como si todas las obras imaginadas por un ciego se derritiesen al tacto, como si la langosta hubiera descendido sobre los campos del espíritu. Yo solo tenía una libélula en el corazón como otros son hermanos del vértigo y llevan la aorta de las constelaciones acogida en sus sienes. Está bien, las especies de la verdad son cosas difíciles de creer, es probable que la invisibilidad y estos hechos solo guarden relación con una libélula. Juan Carlos Mestre  . Yo no soy inocente... Yo no soy inocente. ¿Lo es usted? La realidad está aquí, desplegada. Lo real acontece en lo abierto. Infinito. Incomparable. Pero el ansia de repetirnos instaura las verdades. Toda verdad repite lo inefable, toda idea desmiente lo-que-ocurre. Pero las construimos por miedo a contemplar la enorme trama de aquello que acontece en cada instante: todo lo que acontece se desborda y no estamos seguros del refugio. Bien pensado, es posible que Platón no sea responsable de la historia: delegamos con gusto, por miedo o por pereza, lo que más nos importa. Chantal Maillard de 'Matar a Platón'(2004)
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 Imagina que sí, que será posible un encuentro para ponernos a prueba. Imagíname más allá de la inocencia que conociste, más allá de los temblores de mis labios adolescentes. Y olvida que una vez entraste en mí. Imagina que fue un sueño, que no me abríste tu mundo y que aún esperan las hojas la caricia de tu pluma. Yo trato de imaginarte muy lejos de todo eso. Pero aún tiemblan mis labios, aún, la distancia, tiembla. Abro los ojos... Aún miro al cielo para converger con tus cometas. Y agradezco encontrarte así, con el Alma amordazada e imaginar, lejos de mí, que podría ser posible. MARYNA Bahía, yo la llamo así por su naturaleza... dice que se inspiró en el título de esta página y en la Mujer de la lluvia, una foto que yo colgué hace tiempo en nuestro espacio, para su creación Mil gracias cariño por esa dedicatoria:))
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se estan yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre- ¡ que bueno !- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida, y se van llorando, llorando, la hermosa vida. Jaime Sabines
* (escucha a Jaime Sabines recitando a ’Los Amorosos’ en este link’) . .. CUARTO SOLO Si te atreves a sorprender la verdad de esta vieja pared; y sus fisuras, desgarraduras, formando rostros, esfinges, manos, clépsidras, seguramente vendrá una presencia para tu sed, probablemente partirá esta ausencia que te bebe
Alejandra Pizarnik .  . ..
A PYGMALION Atisbó su cuerpo de alabastro, las talladas curvas. Encontró en su dureza la metamorfosis. Maceró sus labios de céfiros y caletas. Aún era roca para entregarse. La carne se abrió ofreció su sangre con luna estirada en cículo. Buscó el tacto, sensibilizó las ramas. Temblaron sus labios de adolescencia. Amó su obra de arte. Y desapareció dejando la piedra, su constancia. Conoció el dolor, los cardenales. Su útero abierto de condición humana. Ya no le interesaba aquella mujer: Su boca pedía lo que las otras. mArYnA
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... imagínate lo que quieras... probablemente a Sabbat le va a dar igual...
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