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y sí, me levanté

 

Y todavía hablamos un poco más de él... decía que aún no le conocía, que ya vería... que él era mucho más que todo eso que yo había podido sacar en conclusión y también un poco aquello que cantaba Ismael Serrano, en una canción suya titulada ’últimamente’, de la ’Memoria de los peces’ (1998), y por eso fue que empecé a colgar canciones suyas por aquí. Porque Ismael parecía contarme lo que el Hombre cruel parecía no saber bien como expresar. Aunque el Hombre cruel no me dijo ni mucho menos que ’últimamente ... de un tiempo a esta parte me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte, no amarte’. Pero sí que le apetecía mucho, mucho, mucho comerme entera. Y yo lo que le dije fue algo así como que si conmigo no había podía mostrarse como Es, quizá fuese porque tal vez yo no le gustaba lo bastante. Es posible, dijo... y luego que me llamaría esta semana pasada para acordar ese día de nuestra próxima cita pero en vez de asegurar, yo preferí seguir dejándole en libertad para que me llamara cuando le apeteciera realmente hacerlo: ’Llamame cuando quieras. Ya sabes que conmigo no tienes ningún compromiso...’ El Hombre cruel fue la primera persona que me habló del principio de incertidumbre.


Lo que ya es vago, es el recuerdo de haberme quedado muy extraña tras nuestra despedida. También le pregunté antes de colgar si podía llamarle yo alguna vez y fue cuando me dijo eso de: ’Claro, es lo que quiero. Una de esas llamadas...’ pero si he de ser sincera no creía que fuera a ser capaz de hacerla, de regresar a aquello que durante tres meses se convirtió en el Centro de mi vida, por lo menos no, cuando me levanté y eché a caminar entre las obras. Me sentía un poco... ¿cómo decirlo?... Sí, desmoronada, lo mismo que aquellas aceras que transitaba, porque ’aquel me muero por verte y ahora me gustas más dentro...’ no noté siquiera que saliera a relucir por ninguna parte de nuestra conversación. Aunque me da la sensación de que a mí me pasó un poco lo mismo que a él y no dejé trasparentar apenas sentimiento, durante los poco más de diez minutos que duró nuestra charla. Es curioso... le pido que no piense y yo me pongo a pensar el doble. Y por eso entré a tomarme un café en un bar que hace esquina, al final de las obras, y en el que, habiendo pasado centenares de veces por delante, nunca había estado. Allí fue donde le envié el siguiente mensaje: ’Voy a ir a buscarte. No sé donde narices estás pero hoy supe que mucho más Lejos de donde yo pensaba.No importa... si tú quieres voy a Encontrarte. Sé que merece la pena. Soy una pirata’. Y por eso aquella noche, después de escribirle a Su un mail todavía bastante decaído, del que estas líneas que siguen forman parte:


’’’No lo sé Su. Sólo que voy a tener que esforzarme mucho si quiero llegar a él. Que él desea que sea capaz lo tengo claro, que confía en mí a ese nivel también... que está pasando por un tránsito que conozco bien, Neptuno conjunto a Venus y que eso me da esperanzas y a partes iguales me asusta, que yo lo pasé muy mal cuando atravesé por ese tipo de tránsitos pero que también me convirtieron en quien soy. ¿Quieres que te explique como es ese tránsito? Probablemente tú viviste algo así cuando aquello de Alfonso pero claro, que no es lo mismo que te pille con 16 años que con casi 40, que Máximo lo pasó cuando yo me enamoré de él, que no lo pasó bien, que es complejo pero yo no estaría hablando de esto si no fuese astróloga y confiara en la astrología, que no me quiero enfocar en ello porque es un peligro. Que ese tío me gusta mucho aunque ayer la llamada me dejara rara. Que a él también. Que quizás se esperara más preguntas y no se las hice, que ayer no quería que me contara nada, que prefiero que si va a hablarme me hable mirando a los ojos y entonces me cuente... que le deseo mucho pero también siento algo más profundo, que me desespera esta distancia, que él no siente lo mismo por mí... que me preocupa. Que no sé que le está pasando o que cree él que le está pasando’’’

 

Busqué una imagen de Anne Bonny a modo de amuleto. Pero no dejé claro lo esencial. La voz pirata viene del griego πειρατησ, que a su vez viene del verbo πειραω, que significa "esforzarse", "tratar de", "intentar la fortuna en las aventuras"


Y luego, sólo sé que al día siguiente me levanté con unas ganas terribles de buscar una playa salvaje, desnudarme para él y montar si hiciera falta hasta un desembarco de Normandía. Porque como ya dije en una ocasión: El Amor no es establecerse en una lucha de poderes frente a lo amado

 

 

26/02/2006 22:56 Autor: imaginate. Enlace permanente. Tema: me estuve enamorando de un poeta: Oliverio No hay comentarios. Comentar.

sobre los matices preocupantes

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¿Tarde para qué, María?


Tarde sólo para seguir otras trayectorías que tal vez nos hubieran hecho sentirnos más realizados como individuos. Tarde en ese sentido. En el de invertir la libido vital en algo que merezca la pena. Y aquella tarde de Noviembre hablamos principalmente de eso, de la gente para la que lamentablemente, a muchos niveles, ya era demasiado tarde... No de mí pero en el fondo sí que lo hacíamos porque yo lo experimentaba de esa manera. Cuando él decía: ’es tarde’ algo interior gritaba: ’No quiere hacerlo pero está dirigiéndose a ti’


Y un día antes del verano, él me dijo que muchos de los sentimientos acerca de los que escribía tenían la huella impresa de lo literario. Pienso que el Hombre cruel (que en aquel tiempo sólo era una entelequia) creía en mí en aquel momento... quería que lo intentase y él quería ayudarme con todas sus fuerzas. Pero luego atravesamos ese verano... Tú y yo ya lo hemos comentado y sabes lo que ocurrió... Y después de nuestra última cita una de las cosas que le dije fue que no quería escribir ningún libro ni esforzarme, pero ni un poco, en esa dirección. Y es ahí donde se puede percibir el tufo de la mediocridad. Soy demasiado perezosa, acomodaticia, muy indolente aunque parezca extraño si sólo se me observa a través de este engañoso exterior. Pero él sabía perfectamente que yo me había acomodado y eso era algo que le distanciaba profundamente de mí.


Son reflexiones personales, María. Y de veras que no conllevan ninguna otra pretensión ni yo les concedo otro valor del que tienen. Instantes puntuales de lo inexacto. Apuntando a lo imposible.


Y Enol (es un ejemplo) es partidario de que deje mis miasmas y los miasmas de las personas que me rodean descansar en paz. Y de alguna forma eso también contribuye a que yo me aleje de él. Es inevitable. Puedo verlo, puedo saber qué está ahí, puedo tomarme un café con él pero por ese motivo no podemos Acercarnos. Y esas son las fronteras sutiles que trazamos. El Hombre cruel se parece a mí en ese sentido. Hay que aceptarnos como somos y si sentimos que algo no va bien, que nos dirigimos hacia una vía muerta, detenemos el tren o nos bajamos de él en marcha. Y no miramos atrás. Yo soy introspectiva y me gusta serlo, y eso no va a cambiarlo nadie. Y ellos son distintos. Punto. Así que para no pensar que no cuenten conmigo.


Ya ves, a lo mejor indirectamente fui yo. La Amante de las iluminaciones indirectas. Siempre en penumbra, siempre refugiándome en esos ángulos oscuros y luces tenues que se me antojan tan necesarias. O yo y las columnas. Emulando cariatides o transformando a personas en inamovibles figuras de mármol tras las que ocultarme. Como si la vida fuera un eterno juego infantil y con razón Nora dice que Enol piensa de mí que sólo soy una cría enamoradiza. Alma opina lo mismo.


Me pregunto qué será eso tan indefenso que protejo así.

y más cosas que van saliendo...

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Sandra Ramos
(miedo al infinito)


Bueno, al menos esta tarde comprendí ¡POR FIN! algo de él. Comprendí por qué razón le gustaba ’Sexo en Nueva York’. ¡Hostias! y me ha llevado nueve meses comprenderlo. Di tú que nunca había visto esa serie (y ni me comprometo a hacerlo, que era lo que me quedaba, que después de ocho años sin ver la televisión, ahora también me haga tele-adicta, y verás, acabe como en la juventud, engachada a todo tipo de telenovelas y a cine de barrio). Y di tú, que a continuación, comprendí también por qué razón le gustaba ’7 vidas’ a Su. Que debe ser como el equivalente minúsvalido y nacional pero a mí sigue gustando más la cerveza de importanción. O sea pasar de plantarme delante de la caja tonta un montón de horas y salir por ahí, a Vivir.


No, en serio, me ha venido de puta madre esto de practicar el cine de evasión. Cosa que no paro de hacer desde hace ya cosa de dos meses. Algo más que he recuperado y mira, gracias a él, el gusto por ver películas y salir así un poco de mi mundo interior y perderme un rato por otras vidas. Hoy he vuelto a ver ’Amantes’ de Vicente Aranda y hubo algo con lo que conecté mucho ahí. Ese final. Esa manera de morir. Esa necesidad de morir.


Y al tenor de esto que decía del sexo... cuando no hubo respuesta llegué a divagar hacia explicaciones de lo más absurdas, o no. A ver, por ejemplo le dije a Su aquella tarde de los gritos: ’A lo mejor es que no me reí bastante mientras follábamos, tía’. El Hombre cruel decía que eso era una de las dos cosas que más le acércaba a mí. Aunque fue mucho peor, porque sí que me reí y sobre todo me sonreí mucho. ¡Joder! ¿cómo no iba a reírme si me sentía tan Feliz? Pero hubo otras cosas, emociones muy Intensas que no me esforcé en disimular y que quizás a él le produjeron rechazo. O en aquel otro momento, en que habíamos follado por cuarta vez y yo no era capaz de despegar mi boca de su polla. ’Estoy despidiéndome de ti’ -dije. Y es que de verdad era un sentimiento estremecedor y real. Sentía que me estaba despidiendo de aquella polla porque me embargaba por dentro la angustiosa sensación de que no le volvería a ver. Y entonces él tiró de mí y recuerdo que dijo: ’pero qué estás diciendo...’ Y yo, ¡loca!, me solté de sus brazos respondiendo que luego me despedía de él pero que antes me dejara en paz despedirme de su polla. Así. Y claro, sólo estaba dejándome llevar por lo que sentía en aquel momento pero no me detuve a pensar en qué era lo que podía sentir acerca de ello él. Y es mucho más gordo todavía. No sé, después de que vimos aquella peli me comporté de una manera muy extraña. Pero no quiero entrar en eso aquí, porque sería como descubrirlo. E ignoro lo que pude haber quebrado ahí, o que fue lo que hice tambalearse, porque eso si lo percibía pero yo es que emocionalmente voy al segundo y ... Enol dice que si dije aquello fue porque lo sabía, que sabía perfectamente que era una despedida. ’No, no, no fue así’. Quería explicárselo. Ya que había empezado quería explicárselo pero Enol, como suele suceder, ya había hecho un trasvase de situación y sólo podía captar los matices a través de las cuadrículas de su mente masculina. Para él estuvo cantado desde el principio que la historia no duraría demasiado y sólo había que esperar por el desenlace. Aunque el Hombre cruel no era de la misma opinión. Solía repetirme: ’yo es que siento que esto tuyo y mío va para largo’. Y sé que lo decía desde el más profundo convencimiento. Hasta ahí le distinguía. Y digo yo que algo así no lo pueden estropear dos o tres duchas de menos, ¿verdad? Es que eso también se me ocurrió. Un día escribí aquí: ’A lo mejor no supe más de él porque no me lavé lo bastante’. ¿Se va entendiendo por qué me sentía patética? Pero es que fue imposible. Cuando entramos en la habitación comenzó el sexo y cuando íbamos a salir a cenar pues yo no me quería duchar porque me lo quería llevar a él puesto encima. Es que eso de los olores y de los jugos para mí es casi como la prueba del algodón, algo definitivo. Si me siento cómoda con el tipo cuando el sexo ’’acaba’’ no quiero saber nada del agua ni de la ducha. Entonces él olor del sexo es como un calor que me abraza. Algo mágico y reconfortante. Y al revés, cuando ha habido sólo sexo y nada más que eso, necesito librarme de ese insostenible olor como sea. Pero no, con él mi propio olor me Encantaba. Recuerdo que también le dije: ’como me gusta como huele mi coño’. Pero quería decir sobre él. Porque era como un perfume ácido que aromaba su vientre. Era eso, y a mí me ha hecho avergonzarme muchas veces lo mismo. Tú no hueles con todos los hombres igual. Depende de como se mezcla esa química tuya con la suya. Y el Deseo no huele igual que el hambre de sensaciones, o que la desesperación. Y cuando regresamos a la habitación el sexo había comenzado de nuevo y era imparable. No se detenía. Y eran esas ridículas vueltas de tuerca que le daba mi cerebro a todo. Las vueltas que uno puede darle al otro cuando el otro ha dejado de comunicarse contigo y tú ni siquiera sabes el por qué. Y también pensé en el Amor, claro. Bueno lo que el llamaba ’Amor’. Pensé que podía haberse entusiasmado mucho con alguien, como le sucedió conmigo al principio y ... pero ahí las cosas otra vez se desencajan porque el Hombre cruel no es de esos individuos que dejen de vivir otras historias hermosas porque se presente alguien que de pronto capture gran parte de su atención. Y menos en una relación como era la nuestra a distancia y donde yo ya había comprendido lo esencial. Esa distancia. Y eso también se lo dije a Su, la primera vez que la vi después de aquello. ’Mira si se ha enamorado de otra. Entonces sí, vale, entonces prefiero olvidarlo y no verlo más porque ahí ya sé que no hay un lugar para mí’. Y si se Alejó por eso pues estupendo. Lo prefiero. Él sabía que el Amor era importante, el conservar la esperanza de que eso era lo que yo perseguía.

O quizás fue por lo que debería contestarle a Patricia en esa última carta suya que acabo de recibir, porque él supo que era tarde para mí. Vamos, una lástima. Lo que yo ya averigüé hace años. Y por eso no me apunto a la UNED ni a nada, querida. Porque conseguirme un título que me acredite no me llama y este mundo todos sabemos que está montado así. Pero para eso no tuve y no tengo lo que hay que tener: constancia y espíritu de sacrificio. Ya ves, ese tipo de cosas que al Hombre cruel le sobran. Así que el talento y tal vez la vocación empática se pierden en el infinito. Mediocre que nació una del útero de su madre o con un defecto serio de fabricación ;)

y continúo un poco más

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He estado leyendo vuestros comentarios y meditando sobre ellos. Y me ayudan ¡ojo! Me ayudan mucho vuestras reflexiones. Así que de verdad que no penséis que ’’predicáis’’ en terreno baldío, porque yo no atiendo a esa semántica. O la descarto pronto. Por ejemplo, sobre las ilusiones... como suele suceder hace unos días alguien, otro desconocido, me escribía un mail. Tengo dicho que no quiero privados, a no ser que previamente yo me haya implicado de alguna forma con esa persona y el interés se nota, ¿o no? Caso Patri, que sí que me gusta la tía porque me resulta enriquecedora. Es que, de verdad, alentar nada que sé que no voy a corresponder no es lo mío. No juego con eso ni a eso. No quiero jugar con las Emociones. Pero... la gente sigue probando suerte, imagino que sólo por probarla... Vale, un asunto profundamente banal, como yo misma ¿pero entendéis lo que comentaba ayer?


Y bien, en ésta el susodicho primero se complicaba en un montón de explicaciones acerca de los motivos del por qué yo iba a recibir este mail... ninguno singular, todos pluralmente hormonales y por tanto inaceptables. Es que si algo tiene la red y este medio en el que nos movemos, es el de llegar a sentirnos intrigados por la Mente que hay detrás de los cuerpos: los valores, los principios, la composición musical de fondo que decía Kundera. Y el mío está ahí, y me sirve. Ahora hablo del cuerpo. Me sirve en la calle, que es dónde me tiene que servir. Donde siempre me ha servido. Pero yo cuando entro aquí y busco, porque Busco, porque yo siempre Busco, aunque diga que no, Busco... lo que Busco es sentirme cautivada por un Interior. Y mis imágenes apelan a lo mismo. Yo digo mucho de mí con ellas. Digo como soy: vanidosa, no-convencional, transgresora, frívola, sensual y eso en exceso pero luego lo que me atrae no es lo que yo soy, sino lo que el Otro es. Ya, es una contradicción, lo sé: ’ser un reclamo para quién no se lo monta precisamente de reclamo’. ¡Joder! y yo qué voy a hacer...


Y antes contesté a ese mail. Sin tratar de herir, por supuesto. Porque entre mis pretensiones no está la de pasearme por esta vida tratando de causar dolor innecesario a nadie. Pero es que hay cosas que no comprendo. A ver, porque me gustase mi trabajo con los discapacitados intelectuales... ¿alguien puede suponer que yo deseo parecerme a la madre Teresa de Calcuta? Porque nada más alejado de la realidad. De veras. Y ahora centro mi Obsesión, ¿de acuerdo?


En pocas palabras, lo que vincula al Hombre Cruel, lo que me ata a su Recuerdo es el sexo. Lo siento. Es así de lamentable. Él significa el Mejor Sexo que yo he tenido con nadie, el más Erótico. Él que me hacía destilar el más puro erotismo y esa es mi esencia. De verdad que no soy nada más. Algo tan ínfimo como la pulsión de vida de una ameba. Un pseudópodo. Algo que se mueve como eso. Y por ello sigo enganchada ahí. Y cuando Alma me dice la otra noche: ¿quieres que te avise si le veo por la televisión? Yo le contesto: Ni se te ocurra. No le leo, no le compro, no me interesa de lo que hable. Es que sinceramente me la pelan sus artículos y sus estadísticas y sus malditas especulaciones y su trabajo y su organizada vida de mierda. ¿Se nota que yo también soy una puta cavernícola? Y entonces una mujer que me cae de vicio, va y dice: ’yo personalmente pienso que el ser humano es curioso por naturaleza y en silencio te OBSERVA , nos OBSERVA .... ¿no crees?..’ No, querida, no lo creo. Por ese presente que acabo de detallar. Sí yo soy básica, él lo es infinitamente más que yo. Y si a mí no me interesa (verdaderamente) ninguna de esas cosas de él, por qué coño voy a engañarme pensando que a él pueda interesarle esta basura que yo tanto me esmero en dejar un día tras otro aquí y con la que ya le saturé hace tiempo. ¿Soy cruda? Pero es que nos lo dijimos: ’Tú Alguien Social no es Nada para mí. Y mi Persona Bitácora no es Nada para ti’. ¿No quería gustarme sólo por él mismo? ¿cómo Hombre? Pues lo consiguió. Y sólo me gusta por el mismo cuando se queda Desnudo. Y Nora, no, ’Closer’ no va sólo de la infidelidad. ’Closer’ es una raíz más profunda. ’Closer’ le deja el culo descubierto a las Mentiras vitales. Es que me mataste antes cuando me dijiste: ’Ayer vi una película que tenemos que ver juntas’. ¡Joder! Y sólo porque fulanito en cuestión te la recomendó... ¿y entonces yo pienso? ¿Y dónde estabas tú todas esas veces en que yo te estuve hablando de ella? Y eso es por lo que contigo no puedo hablar de este tema ni de ninguno que me importe. Puedo quererte sin más pero no puedo hablarte de ninguna de mis cosas porque tú jamás me Escuchas. Y luego te sientes dolida cuando entras aquí y lees cosas como las del otro día, como las de esos siete mil euros y me dices que soy demasiado dura cuando escribo pero me lo dices porque sólo te escuchas a ti misma cuando hablas pero en realidad, ni siquiera lo haces. Y luego cuando te lees aquí, lo que descubres te hace pupa. Eso sí, siempre me das las gracias por ello, y es que en el fondo vengo diciéndote que eres una tía cojonuda. Muy Humana, como pocas. Y de eso va ’Closer’ querida ... de lo bien que nos sienta averiguar la verdad cuando alguien tiene los ovarios (o lo propio) para pintarla como la siente y el otro los cojonazos ( o lo propio) de comérsela como la siente, masticarla con los molares hasta dejarla bien triturada y luego tener la suerte de conservar un estómago no ulceroso y a prueba de bombas para hacer con ese bolo nutricio una saneada digestión


Y eso del interés o no interés por las cosas del otro, si que fue un tanto definitivo en nuestra historia. En la mía con ese Hombre cruel. Yo lo llegué a encajar pero claro... puede que a él no le gustasen demasiado las consecuencias que se derivaron de ello. Limité nuestra comunicación a lo que entendía que sí que a él podía interesarle. O sea, que como con todos... comencé a Esconderme. Y eso... tal vez consideró que ya no merecía la pena.

no sé como llamar a esto

En ’El Amor’ de Marguerite Duras se habla de un Grito, de un grito que se grita en el malecón. Y luego más gritos, gritos de hambre. Los gritos de las gaviotas. Pero antes de esos gritos la historia comienza. Ha comenzado, con un Gesto, antes del gesto...


Y yo le dije a Su, que cuando fuera a verla, querría que camináramos juntas hasta la playa para gritar un Grito, que luego fueron dos, y los inaudibles de las gaviotas que aquella tarde guardaron, como si fuera un luto marino de aves, un escrupuloso silencio... De esto hace ya más de quince días, o veinte, o quizás treinta.


Y eso hice. Ir a verla. Y con Su hablo aquel día lo que no hablo con nadie. Porque Nadie escucha. Porque a nadie le interesa. Y yo no escribo. Quiero decir que no hablo como antes mientras escribía, como solía hacerlo, cuando alguien Miraba. Y ya no hablo nunca porque el Alma está Ausente, y yo no Miro tampoco, estoy ciega. Y todo eso que me callo, que me grita desde adentro, aunque a oscuras, se me agolpa en el pecho. Y creo que es la tos. El silencio toma forma de tos y enfermo. Y es un tropel. Un tropel de palabras pensadas y no expresadas y de sentimientos que se albergan y que tampoco se expresan. Pero no hablo. Me callo obstinadamente y no digo nada porque tengo miedo de que él aún Mire y me lea. Y pueda pensar que me quejo. Porque no me quejo. Pero ahora ya creo que él no está aquí, porque se ha ido. Aunque yo Espero... espero que no se haya ido tan definitivamente. Y por eso hay tantas imágenes, y poemas de otros, y películas y versículos mudos. Y me convierto, otra vez, poco a poco, o a puñados, a empujones, en una adepta a la frivolidad. Y me enmascaro. Y me angosto. Y me increpo. Y por eso quizás apareces tú y entonces me Detengo... a observar, o te detengo. Abro los ojos muy despacio y me finjo abierta y despierta. Pero no lo estoy. No creo en mí. Ahora ya no.


Y Su me pregunta, claro. Y en Su sí confío. Con ella hay un pacto. Nos decimos la verdad aunque nos duela, aunque vaya a dolernos. Y Comienzo o por lo menos lo intento.

 

No sé qué pudo suceder. ¿Y no necesitas preguntárselo? No, no, no necesito eso. Me importan más otras cosas. Por ejemplo, respetar sus necesidades y no causar molestias, no ir a convertirme ahora en una pesada molestia. ¿Pero tú crees que lo serías? Mira, yo sólo sé de mí y sé lo que ocurre cuando guardo silencio. Fíjate en aquel bombero. Siguió mandándome mensajes y llamando muchos días. Sin esperanzas pero llamando. Él también creía que todo había sido estupendo y no lo fue. Me aburrí mucho aquella tarde con él. Me aburrí de él para toda la vida. Un bostezo, fue un largo bostezo aquel tipo y que sed de cerveza... Y en realidad no sé por qué quedé con él aquella segunda vez. Yo qué sé... tal vez por el Hambre. Y ya sabía que no me había gustado su sabor la primera. Pero él continuó insistiendo y yo sólo quería que me dejara en paz pero sin que tener que decírselo, que darle explicaciones que en ningún caso me apetecía darle. No eran necesarias. Tenía que darse cuenta. Y por eso no puedo seguir marcando el número de teléfono de este Hombre y enfrentándome a la soledad y a la dureza de su contestador de voz. Porque se impone el conocimiento, lo que sé de mí, de mis propias certezas. Entonces hay una última vez y esa última vez no digo nada. Le llamo y lo intento, sé que quiero intentarlo pero sólo me salen gemidos. Gemidos que se aproximan demasiado a una Agonía como para no hacerles caso. Y que después escucho. Pero sólo una vez, no como las otras, no con morbosidad porque me resulta demasiado doloroso y no puedo creerme que para esa Mujer no exista una Respuesta. Cualquier respuesta. Y si fuera a haberla, entiendo que ya la habría habido. Pero así tampoco, desde la desnudez más profunda, desde el deseo más frágil, y no hay Nada. Entonces sé que debo hacerme cargo de mí, de esa mujer que gime en su Soledad ’tan desoladoramente desolada’, y la destierro lejos. Y luego ya no sé dónde la he puesto y no vuelvo a encontrarme con ella, ni siquiera yo. Y un día, casi sin querer, escribo la verdad: ’Al día siguiente el viajero se fue y no supe más de él y ni siquiera de mí’ ... y me doy cuenta. Y alguien dice: ’quizás no fuera un viajero, sino turista...’ . Y Recuerdo... que otro alguien me habló de eso hace tiempo, cinco años. Y claro, digo, es diferente, es muy diferente ser un Viajero, a un turista ... Accidental. Y otra vez las Coincidencias...


No, Susana, no. No necesito que me respondan a preguntas que yo no quise responderle a otros. Preguntas que sólo me hubieran fastidiado. Y por no eso no deseo que se me den explicaciones que nunca quise dar, ni tampoco comprender nada. Dime: ¿qué hay qué comprender en el hecho de que uno esté Enamorado de otro y en que éste no quiera saber nada del primero?


Yo no podría vivir así. Me mataría la incertidumbre... Y a mí también me estaba matando. Por eso hay un último día que marco su número después de aquella madrugada. Sí, la de los gemidos y vuelve a saltar el contestador y entonces por fin me decido, borro su número de teléfono de la memoria del mío, y así se acaba con la incertidumbre. Fue la única decisión que tomé, aunque la tomé prestada. La única posible. Él me lo enseñó.


¿Y lo borraste de todas partes? ¿Ya no tienes su número? No, eso tampoco era necesario. Lo vital era no tenerlo cerca en los momentos de debilidad; por las noches cuando más lo echaba de menos y después de algunas de contenida contención, llegaban esas en las que me estrellaba con palabras estrepitosas escritas en mensajes desde las sábanas, que a la luz del día siguiente me hacían parecer casi patética. O como en tantos otros momentos. No todo fue debilidad. No lo era. Había mucha Fuerza en lo que sentía por él. En lo que a veces, sobre todo en sueños, cuando el vigía se desorienta, aún Siento.


Y por hoy lo dejo detenido aquí, pero todavía no he acabado. No así. No por lo menos antes de que racionalice eso de la falta de fe en mí. Y con eso me refiero al aspecto intelectual. Y por la parte del Respeto ... lo que aquel Acosador del parque promovió y cambió en el enfoque de mis antiguas actitudes. Eso es verdaderamente lo que me Incapacita para la Acción. Me quedo con ese tono que no exige respuestas de la Mujer que Mira, y con la dulce monotonía de lo que puede Asustar.


¿Es esto tratar de mirar a las Ausencias a los ojos? Solía no dárseme demasiado mal. Ahora ya tampoco sé eso.

menos de 24 horas

Da la hora y de pronto el marcador digital se oscurece. Miro a la vía con angustia, nada asoma. Busco a Tracia en el cielo, entre los raíles de la estación. Yo no tengo un ángel. Tengo una gaviota y las gaviotas son mortales. Me alarmo. No sé por qué se apegó a mí . Lo ignoro. Apareció, sobrevolándome un día, la miré y ya no se fue. Y Tracia parece que no envejece. Imagino que la Muerte será el día que no la vea. O será el día que me lleve a volar con ella.

Pero todavía no sé que esa madrugada he de mirar cara a cara a la Muerte, todavía desconozco tantas cosas importantes en ese mediodía... No sé, por ejemplo, que voy a sumar a dos hombres que un día se dividieron. Yo los dividí en mi interior. Tampoco le pregunté a él si en algún momento notó la diferencia, y menos qué fue lo que pensó acerca de esa inquietante cuestión. Le resté importancia. Quise hacerlo y fue pasmoso eso. Ahora lo entiendo. Pero tampoco entonces sé que me voy a enamorar más profundamente, más de lo que estaba previsto. Yo le había reservado sólo ese hueco del calendario para luego tal vez huir. Pero dos hombres que se reúnen de pronto fueron demasiados para ese hueco. Así que me enajeno y todas mis mujeres bailan con ellos. ¡Imbécil! -me atormentaría a la noche la uruguaya cuando no duermo, luego, ¿cómo se te ocurre siquiera pensar eso? Previsto, previsto. Eres tan imbécil que hasta te lo mereces. La uruguaya es dura. Pero no más conmigo que con ella. Ya pasó por la misma experiencia y es puta. Una puta culta que sólo se alquila y lee libros de poesía, que luego esconde en sitios imposibles. Dice que lo hace por su trabajo, para poder acceder a esos hombres que son como él, pero luego no tiene teléfono. Es por ahorrar. ¡Todo pamplinas! Bajo esos bocajarros que te escupe la uruguaya es tan tierna como yo. Mi bebé -dijo. Por un momento se apagaron los interruptores y me desconecté -me disculpo con ella. No noté el dolor. Así que no sé dónde fue que estuve. Me debatí sobre su boca. Me debatí como una roca en el acantilado de una galerna, y creí poder apresar para siempre las terminaciones nerviosas de su lengua, con los músculos más estrictos de los valles cóncavos de mis labios internos. Clavé mi coño en su cara, más hondamente, como si fuera una función transitiva. Y fue un tránsito. Ebria de deseo y humo alucinogeno me besó la eternidad. Le pedí que se detuviera. Ya no lo quería. Me aterrorizaba quererlo más. Se lo supliqué. Me desesperé. Aún así no lo hizo, se agarró con fuerza a mis nalgas y siguió lamiéndome con una impunidad feroz. Lobo con la loba de alambique. Luego mi clítoris se ocultó dentro de su boca y yo sólo supe que él lo hizo girar. Entonces mi cerebro estalló. Fue algo atroz, insostenible, como un cambio de estructura molecular. La vibración continúo viaje conmigo. Y entre el temblor se abrió un abismo que surgió de la más absoluta oscuridad. Pero yo en el fondo supe que ya no podía, que no quería bajarme de aquello. Era como una prueba. Aunque sospecho que él también lo supo. Y es en ese mismo instante en el que siento que ese hombre sin nombre, me conoce mejor que yo a mí misma, tanto como si estuviera dentro mío, tanto como si pensara lo que yo pienso en el instante mismo en que lo estoy pensando, en el instante en que lo he comenzado a pensar. Sólo necesitaba que alguien me empujase pero no logro confiar en nadie para esa labor. Sólo en mí así que me quedaré sin conocerlo. Pero luego le conozco a él. Y en él también confío. Algo me empuja a hacerlo. En ese amante que a veces sólo es silencio. Creo que supo que si continuaba iba a desconectarme. Y lo quiso. O eso, o que luego le mataría. Pero yo sólo le habría matado por haberse detenido. Me Ganó más de dos veces en menos de 24 horas, cuando nadie se había aproximado siquiera a hacerlo ninguna. Eso lo sabes justo en el momento que ocurre y luego ya no lo olvidas. Estaba arrodillada con las piernas abiertas sobre su cara. Abierta y volcada sobre el vértigo como una matriz. Como ese líquido fluido y puro que golpea el suelo desde las manos de aquella Circe pintada por Waterhouse. Derramándome. No debía ni dejarle respirar. Pero aún así no se detuvo. Me obligó a ir más allá. Y aún más allá de lo que nunca habría imaginado posible. Fue entonces cuando entendí a la uruguaya. Una hora antes no había sido capaz. No había nada ahí afuera, pero Nada. Grité. Detente. No sé que el Amor no tiene nombre, y que por eso aún no lo digo, no lo sé explicar. Quiero decírselo y no puedo. El amor es un secreto. Debe de ser un secreto. La atrayente belleza de esa impávida incertumbre. Y aquí encajan como una cerradura engrasada, esos versos de Mark Strand.


“la puesta de sol. Los prados ardiendo./ El día perdido, perdida la luz. / ¿Por qué amo lo que huye?”


Eso que compartimos sin nombrarlo, que no nos lo podemos ni explicar. El Amor es una sensación abominable. Aún así, durante días, quiero decírselo y no soy capaz. Quiero contarle como él me contó, con esa mirada suya de ojos bajos que amé... Tracia planea. Por fin la veo por entre los tejados. Me entretuve observando la cámara que estaba sobre mi cabeza, a la derecha, y el grupo de muchachos que esperaba para montarse, por la llegada de otro tren y que a cada minuto se hacía más denso. Eso a la izquierda. Estudiantes. Algunos miran con osadía a esa mujer del abrigo negro y la bolsa de deporte burdeos. Yo. Luego otra mujer vino y se sentó a mi lado. Encendió un cigarrillo, aspiró el humo, sintió el vuelo de mi mirada posándose sobre sus manos y se crispó. Pero Tracia ataviada en sus grises me hace por fin una seña. Sonrío. Quiero pedirle disculpas. Me consuela. Precioso pájaro mío de la casualidad. Si te caga una gaviota estás de suerte. A mí me sucedió cuando era muy pequeña. Estrenaba un vestido nuevo e iba de la mano de mi abuelo. Las detesté con un odio inverso y planificado. Me enfadé mucho con todas hasta que Bach me prestó algún motivo suyo para no hacerlo. Y aquella gaviota también tuvo nombre. Fue la primera. Luego otra, una que vi una mañana estrellarse contra un ventanal. Y luego Tracia, que ya sabe lo que yo no sé. Sabe, por ejemplo, que en las estaciones las mujeres que esperan por el Amor se desorientan. Y me planea que no es necesario que esté tan pendiente de ella, que me despreocupe de su estres, que lo único es que justo cuando la vea... sabré que todo va bien o todo va mal. Ahora recuerdo, Tracia me acompaña desde que Alma dejó de poder hacerlo y aquel día empezó a rezar el doble por mí. Me lo dijo. Pero no me importo. Me preocupaba más su riego, sus dolores y la osteoporosis de sus huesos. Reza por ti -le dije. A los no creyentes nos importan los rezos una mierda. Entonces apareció Tracia pero yo sigo sin creer en Dios, aunque en estos meses últimos, varias veces me haya planteado la posibilidad de que exista y de que sea un tío cojonudo. Siento más frío, de pronto un frío más frío que me abarca el alma. El aliento se hiela dentro. No respiro. Ese talgo amarillo hace su entrada en la vía de la estación en la que se anunciaba su llegada. No voy a olvidar ese instante. Lo abominable viaja sobre raíles. Y el corazón se detiene porque presiente que van a arrollarlo. Y yo sólo siento que si en el próximo minuto no le veo, voy a morir.


De ese tren bajaran las maletas de mi destino pero yo eso aún no lo sé. Tal vez Tracia. Luego él, antes de que pasen 24 horas, se las llevará consigo.


Ahora el deseo se anuda a mí como una centella y me ahoga la garganta. Adiós a la voz

 

*(Esto lo escribí el 04 de diciembre y luego ya no fui capaz de escribír sobre ello nada más)

 





... imagínate lo que quieras... probablemente a Sabbat le va a dar igual...

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